Luis Felipe Tovar: cuando el talento no necesita gritar

En la vida hay quienes quieren ajustar cuentas de una vieja enemistad y otras que luchan por mejorar su salud.

Gustavo A Infante

Gustavo A Infante

Última palabra

Este sábado, a las ocho de la noche, a través de Imagen Televisión, mi programa El minuto que cambió mi destino sin censura vuelve a cumplir con su razón de ser: sentar frente a frente al público con personajes que verdaderamente tienen historia, oficio y profundidad, no con productos prefabricados ni con escándalos de ocasión.

El invitado no es cualquier nombre: Luis Felipe Tovar, uno de los grandes actores mexicanos, de ésos que no necesitan estar en la portada todos los días para demostrar su peso específico. Tres Premios Ariel avalan su trayectoria en el cine, pero sus credenciales no se limitan a las estatuillas. Tovar es, sin exagerar, un monstruo del teatro, un hombre que se crece sobre las tablas, que respira escenario y que entiende el arte de actuar como un compromiso ético, no como una pose.

Además, es maestro de actuación, formador de generaciones, alguien que entiende que el verdadero legado no está en el aplauso inmediato, sino en lo que se siembra en otros. Y aun con todo ese bagaje, con toda esa carrera sólida, Luis Felipe Tovar sigue siendo generoso, amable, cercano, de esos actores que escuchan, que comparten, que no miran por encima del hombro.

En esta entrevista, el público va a descubrir a un hombre con una vida profundamente interesante, con claroscuros, con decisiones difíciles, con momentos que marcaron su destino personal y profesional. No es una charla superficial, es una conversación que sorprende, que emociona y que confirma por qué seguimos necesitando actores de verdad en una industria cada vez más dominada por la imagen y la prisa.

Este sábado a las ocho de la noche, Imagen Televisión, y que no se les olvide: aquí no hay censura, pero sí hay respeto por el talento auténtico.

ADAME VS. TREJO: 22 AÑOS DE RETOS, GRITOS Y PROMESAS

Cambiando radicalmente de tema, no puedo dejar de comentar algo que, por decir lo menos, llama poderosamente la atención. El próximo 15 de marzo en Monterrey, Nuevo León, se supone que finalmente se verán las caras Alfredo Adame y Carlos Trejo, el famoso Cazafantasmas.

Veintidós años llevan retándose, descalificándose, gritándose desde lejos. Veintidós años de amenazas verbales, de declaraciones altisonantes, de “cuando quieras”, “donde quieras”, “a la hora que quieras”. Y durante todo este tiempo, cada uno ha acusado al otro de tener miedo. Según uno, el otro no se atreve; según el otro, el primero se esconde.

La pregunta es inevitable: ¿esta vez sí va en serio?

Porque si algo ha caracterizado esta historia es el amague eterno, el desafío que nunca termina de concretarse, el circo mediático que se estira hasta el cansancio. Monterrey será el escenario, y veremos si por fin alguno de los dos demuestra que no todo ha sido verbo incendiario.

El público decidirá si esto es un espectáculo digno de verse o simplemente otro capítulo más de una rivalidad que ha sobrevivido más por el escándalo que por la sustancia. Yo, como muchos, tengo mis dudas, pero también reconozco que la expectativa está puesta. Ya veremos quién cumple… y quién vuelve a quedarse en el discurso.

 

YOLANDA ANDRADE: CUANDO LA DIGNIDAD HABLA MÁS FUERTE QUE EL RENCOR

Y para cerrar, una nota que de verdad me da gusto compartir. Yolanda Andrade está mucho mejor de salud, y eso no es poca cosa. Ya grabó dos programas del suyo, volvió al foro, y al final incluso dio entrevistas. Pero lo más destacable no fue sólo su presencia física, sino también su enorme rapidez mental, esa inteligencia punzante que siempre la ha caracterizado.

Yolanda habló con claridad, sin dramatismos innecesarios, y sorprendió al expresar que espera que El Güero Castro esté mejor de salud. Lo dijo sin dobleces, sin ironías. Y fue aún más clara al reiterar que no le desea nada malo a Verónica Castro, pese a la historia compartida, pese a los años de convivencia, pese a todo lo que se ha dicho y especulado.

Eso, en un medio donde el rencor suele vender más que la mesura, habla de una enorme estatura emocional. Yolanda demuestra que se puede atravesar una etapa difícil, enfrentar la enfermedad, la presión mediática y aun así no perder la humanidad ni la dignidad.

En tiempos donde muchos viven del conflicto eterno, ella opta por la claridad y el respeto. Y eso, créanme, también es valentía.

Este sábado hay entrevista de fondo, hay espectáculo, hay polémica y hay humanidad. Así es la vida pública, así es este oficio, y así se los cuento en esta columna para todos mis amigos lectores de Excélsior.