Cuando el talento se impone a los silencios, a la política y al olvido

Gustavo A Infante
Última palabra
*El escenario sigue girando. Pero sólo algunos entienden que no basta con estar bajo la luz.
Hay noches que no son una simple transmisión de televisión. Hay noches que se convierten en documento, en testimonio, en una radiografía del alma. Esta noche, a las ocho en punto, en El minuto que cambió mi destino sin censura, a través de Imagen Televisión, no vamos a ver una entrevista más. Vamos a ver historia viva. Historia que duele, que incomoda, que confronta y, sobre todo, que inspira. El invitado es Alejandro Gou, el productor teatral más importante de México hoy por hoy. El hombre que llena teatros, que arriesga, que apuesta, que genera empleos, que convierte ideas en espectáculos rentables y, algo que no siempre se dice, el hombre que nunca fue apoyado por su padre. Sí, por su propio padre: el gran productor Enrique Gou.
EL ÉXITO QUE SE CONSTRUYÓ DESDE EL RECHAZO
Alejandro Gou no nació en cuna de oro emocional. Nació rodeado de escenarios, de butacas, de telones, pero también de silencios incómodos y de miradas duras. Su padre, lejos de impulsarlo, lo vio como competencia, como enemigo, como una amenaza. No hay herida más profunda que la que viene de casa.
En esta charla, Alejandro se desnuda emocionalmente. Habla sin rencor, pero con una honestidad brutal. Relata cómo el éxito no siempre reconcilia, cómo el aplauso no cura la ausencia del abrazo paterno, cómo hay triunfos que se celebran en soledad. Y, aun así, sigue adelante.
Por eso esta entrevista es de antología. Porque no habla sólo de teatro, habla de resiliencia, de carácter, de entender que no siempre quien más debería apoyarte lo hará. Y que aun así, hay que levantarse, trabajar y triunfar. Esta noche, canal 3.1, Imagen Televisión. No se la pueden perder.
CUANDO EL TALENTO LE GANA A LA POLÍTICA
Mientras aquí hablamos de heridas familiares y escenarios, mañana el mundo entero pondrá los ojos en San Francisco, California, durante el medio tiempo del Super Bowl. Y lo que veremos no es cualquier cosa: veremos a Bad Bunny, un artista en español, encabezando el espectáculo más visto del planeta.
Un puertorriqueño. Un disco completamente en español. Ganador del Grammy al Álbum del Año. Y, pese a las críticas, pese al enojo de ciertos sectores conservadores, pese a las molestias que incluso se escuchan desde la Casa Blanca, el talento se impuso.
Es la primera vez que un artista de habla hispana ocupa ese espacio sin pedir permiso, sin traducirse, sin disculparse. Y eso molesta. Molesta a quienes aún creen que la cultura tiene idioma obligatorio. Molesta a quienes no entienden que el mercado cambió, que la audiencia cambió, que el mundo ya no gira sólo en inglés.
Bad Bunny no es un accidente. Es el resultado de una generación que no pide permiso para existir. Mañana no sólo veremos un show: veremos un mensaje político sin discurso, un acto cultural más poderoso que cualquier comunicado oficial. El talento volvió a ganar.
EL ROMANTICISMO QUE SE NIEGA A MORIR
En medio de tanta estridencia, de tanto algoritmo y de tanta moda fugaz, hay espectáculos que se antojan como un abrazo al corazón. Uno de ellos es Caron, que se presentará el próximo 7 de marzo en La Maraka.
En el escenario estarán Laura Flores y Alejandra Ávalos, dos mujeres que representan dignamente el romanticismo de los años 80 y 90. Dos voces que no imitan, porque ellas fueron las originales. Canciones que formaron parte de nuestra juventud, de nuestros primeros amores, de nuestros primeros desamores.
No es nostalgia barata. Es memoria emocional. Es volver a escuchar en vivo lo que fue la banda sonora de una generación que aprendió a amar sin filtros, sin redes sociales, sin likes. Verlas juntas es un lujo y una oportunidad para recordar que el romanticismo no está pasado de moda, sólo está esperando escenarios dignos.
LA HERENCIA QUE SE HONRA CON TRABAJO
Y hablando de linajes, esta noche se presenta por tercera ocasión en el Lunario del Auditorio Nacional Axel Muñiz, a las siete de la noche. Nieto del gran Marco Antonio Muñiz, hijo de El Coque Muñiz, pero, sobre todo, un joven que ha decidido construir su propio camino.
Axel no vive del apellido. Trabaja. Ensaya. Se equivoca. Aprende. Crece. Su propuesta es ordenada, honesta, romántica. No corre, no improvisa, no se sube a modas que no le pertenecen. En un medio donde muchos quieren fama inmediata, él apuesta por la carrera a largo plazo.
Eso también se reconoce.
CUANDO EL ESPECTÁCULO TIENE FONDO
Esta semana lo tiene todo: confesiones que duelen, talentos que rompen fronteras, romanticismo que resiste y nuevas generaciones que entienden que el apellido no basta. El espectáculo, cuando es verdadero, tiene fondo. Tiene historia, tiene contexto y tiene consecuencias.
Esta noche, mañana, la próxima semana… el escenario sigue girando. Pero sólo algunos entienden que no basta con estar bajo la luz: hay que tener algo que decir. Y esta semana, créanme, hay mucho que escuchar.