Alejandro Camacho
Un actor que no ha perdido el piso y que ha luchado por cumplir su objetivo desde los inicios de su carrera

Gustavo A Infante
Última Palabra
Su simple nombre dice mucho. Alejandro Camacho es un actor y podría escribirlo así: ACTOR, en mayúsculas. Porque eso es lo que significa, un tipo que de forma seria, disciplinada y formal ha tomado la actuación, pues, a pesar de que, como algunos privilegiados, llegó a ser el consentido de un altísimo ejecutivo de la televisión, del dueño y mandamás, Emilio Azcárraga, él nunca olvidó quién es, de dónde viene y hacia dónde dirigía su carrera.
Ahí estamos, frente a frente, él luce despeinado, despreocupado, vacilador, cínico en ocasiones, sarcástico en la mayoría de las veces, es Alejandro Camacho en el foro 3 de Ciudad Imagen, donde se hace El minuto que cambió mi destino.
Bueno, pues esa conversación se transmitirá este sábado a las 21 horas y les puedo asegurar que la van a gozar tanto como un servidor, porque es un señor que nos toma de la mano y nos abraza con su charla para llevarnos a lugares insospechados con el televidente.
Vamos a ir desde la colonia en la que nació, pasando por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, donde estudió, su ingreso a Televisa, su importante paso por las tablas teatrales que, como él mismo dice, ahí es donde se forjan los actores; sus amores, desamores, hijos, celos, divorcios, enfermedades, solidaridades, afectos, cariños y mucho más.
Por estos y muchos más motivos, los invito a que nos acompañen a Camacho y a un servidor, pasado mañana sábado, en El minuto que cambió mi destino, en Imagen Televisión.
Les aseguro que va a ser de su agrado, pues el personaje es atractivo por sí mismo, pero sus declaraciones, comentarios y anécdotas convierten esa entrevista con Alejandro Camacho en algo verdaderamente único. ¿Tenemos una cita, queridos lectores de Excélsior? Ahí los espero con mucho gusto.