Experiencia en Palacio Nacional

Confieso que no quería quedarme con las ganas de contarles mi experiencia en Palacio Nacional, el cual jamás me imaginé conocer. Pero vamos por partes, primero tengo que decirles que fue un gran honor ser invitado al evento más importante de nuestro país. Hace unos ...

Confieso que no quería quedarme con las ganas de contarles mi experiencia en Palacio Nacional, el cual jamás me imaginé conocer. Pero vamos por partes, primero tengo que decirles que fue un gran honor ser invitado al evento más importante de nuestro país. Hace unos días recibí una llamada y me comentaban que estaba invitado y si podía ir, obviamente mi respuesta fue sí. Pasaron los días y me extrañó mucho no recibir una nueva llamada para darme indicaciones, cómo sería, a dónde tenía que llegar, hasta que por fin la invitación llegó a mi casa con un gafete donde venía mi nombre completo. Una de mis preocupaciones y que me daba vueltas en la cabeza es cómo le iba a hacer para llegar al lugar, pues supuse que todas las calles cercanas al Centro de la ciudad estarían cerradas, pero grata sorpresa me llevé cuando, con mucho tiempo de anticipación, me dirigí al Palacio Nacional y no lo pude creer, fue rápido y directo, llegué sin ningún problema. Así que, junto con la Guardia Presidencial, fui el primero en llegar. Mientras esperábamos me percaté de la inmensa seguridad que había, lo cual aplaudo y respeto. Conforme la gente se congregaba nos pasaron a una sala lounge, era un lugar maravilloso. Tuve el gusto de saludar a una buena amiga y colega, Ana María Alvarado, también vi a Graciela Mauri, quien, por cierto, está guapísima. Después me percaté de que la gente comenzaba a subirse a unos balcones y yo, como buen mexicano, los seguí, pero no me lo permitieron porque el acceso era a las 9:30, ni un minuto más ni uno menos, todo muy puntual, como los ingleses. Estuvo perfectamente organizado y cuidado. Nos invitaron a pasar por la “monumental”, no sabía de lo que me hablaban, resulta que es una escalera con un extraordinario mural de Diego Rivera, después me pasaron a la sala Embajadores II, en donde me sentí en el Palacio de Versalles, en Francia. Cuando entré vi a Jaime Camil acompañado de su esposa Tony, también a Cynthia Klitbo con su esposo y la actriz estaba desesperada porque no podía fumar. Llegó una persona del Estado Mayor Presidencial y nos explicó paso a paso lo que sucedería, es decir, primero aparecerían las hijas de Angélica Rivera de Peña acompañadas de los hijos de Enrique Peña Nieto, presidente de México, y después la pareja presidencial: nos pidieron que en ese momento no saludáramos a nadie, eran las 10:57 cuando los hijos aparecieron muy sonrientes y al último la pareja. Después pudimos pasar a los balcones para ver los juegos pirotécnicos y confieso que se enchina la piel de ver la explanada del Zócalo llena, no cabía ni un alfiler, ver la Catedral maravillosamente iluminada, era una imagen que nunca podré olvidar porque el verde, blanco y rojo de nuestro México resaltaba. Ver a la gente gritar una y otra vez ¡Viva México! fue emocionante. Después regresamos a nuestro lugar donde tuve el gusto de saludar a la pareja presidencial, quienes se mostraron amables y cordiales con todos los invitados ahí presentes. El siguiente paso fue ir al patio central donde fue la cena, minutos después apareció de nueva cuenta el licenciado Enrique Peña Nieto para disculparse por no quedarse en la cena porque al otro día tenía que estar en el Desfile Militar y después viajaría a Baja California. Por supuesto, me quedé en la cena, que estuvo rica, eso sí, no había bebidas alcohólicas, lo cual me parece correcto, había sólo agua de sabores. Debo decirles que, la verdad, fue una experiencia única, estoy plenamente agradecido de haber recibido esta invitación, porque es un honor pisar un lugar tan importante.

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