Mundial de América del Norte 2026

Guillermo Zamarripa

Guillermo Zamarripa

De convicción liberal

Empezaron hace dos días las hostilidades en el terreno de juego. Es junto con los Juegos Olímpicos uno de los dos grandes eventos deportivos. Hay muchos temas económicos relacionados con este evento de los que podemos aprender. Hago seis reflexiones.  

La primera es la desconexión entre la imagen de unidad que da el ser socios en la organización del Mundial y la realidad que se vive hoy en América del Norte. Es la segunda ocasión que se hace en varios países basándose en la cercanía geográfica, pero también en los vínculos. 

Hoy la región está pasando por una etapa difícil. Las declaraciones recientes del presidente Donald Trump de que no sabe si va a renovar o no el T-MEC son fuertes. Su explicación es que Estados Unidos no necesita nada de lo que México y Canadá tienen.

La segunda es cómo la división de juegos entre los tres países revela el peso relativo que cada uno tiene. Estados Unidos es la potencia global y se está llevando la mayoría de los partidos y la etapa final.

La tercera es que el Mundial hizo evidente la falta de infraestructura que tiene México. No se lee en la prensa de Canadá y de Estados Unidos que estén haciendo grandes obras. Las ciudades sede en los dos países tienen la capacidad para recibir a los turistas y no han tenido que modernizar sus estadios. 

En México, la situación es distinta. En la Ciudad de México se remodeló el aeropuerto, que buena falta le hacía. También hay obras viales y la renovación del Estadio Azteca que ya era necesaria. En Guadalajara y Monterrey también se aprovechó el Mundial para invertir.

La cuarta es que se pueden cometer errores fuertes en la formación de expectativas sobre algún evento. El gobierno de México sostuvo que llegarían a las ciudades sede alrededor de 5.5 millones de turistas nacionales y extranjeros. Esto incluye el turismo normal y el marginal por el Mundial.

De lo que se vio en el primer juego en nuestro país no parece que se tenga una gran afluencia de turistas extranjeros. En el juego inaugural se apreciaban en las tomas de televisión preponderantemente mexicanos. Eran pocos los extranjeros. En el segundo juego se veían en la TV muchas camisetas rojas.

La evidencia de los dos primeros días nos está ubicando en la realidad de la derrama por el torneo. Será positiva, pero no moverá el indicador de crecimiento económico. 

La quinta tiene que ver con los fenómenos de oferta, demanda y escasez. Para los juegos, la cantidad de boletos es determinada, lo que los vuelve un bien escaso. Si hay mucha gente dispuesta a asistir al evento el efecto se va vía precio llegando a niveles que racionalmente no se justifican.

El proceso que sigue la FIFA para la venta centralizada de boletos se hace de tal manera que pueda extraer rentas y permitirles a los intermediarios que seleccionan tener beneficios económicos.

FIFA está maximizando sus beneficios, pero excluyendo a mucha gente de participar cuando antes lo podía hacer, lo que contribuye a un mal sentimiento social.

La sexta es cómo hoy uno de los bienes por los que más se está dispuesto a pagar son las experiencias en deporte y entretenimiento. Es un cambio de preferencias importante detrás de todo este fenómeno. 

Interesantes temas económicos relacionados con el evento que dominará la conversación las próximas semanas.