Cien años no son nada

Comentábamos la semana pasada que durante cien años, Excélsior ha realizado una labor periodística colectiva de carácter épico para traer a nuestros hogares los sucesos más relevantes de México y el mundo, labor no exenta de riesgos y en ocasiones de zozobra ...

Comentábamos la semana pasada que durante cien años, Excélsior ha realizado una labor periodística colectiva de carácter épico para traer a nuestros hogares los sucesos más relevantes de México y el mundo, labor no exenta de riesgos y en ocasiones de zozobra económica y amenazas por un poder público que, durante décadas, se resistió a ver a la prensa como un medio para informarse de manera objetiva e independiente.

A la muerte de Rafael Alducin, fundador y primer director, el diario continuó su rápida expansión hasta que una década después, con la economía del país en plena recesión, el periódico sufrió una crisis financiera de gran calado, que obligó a su entonces propietaria, Consuelo Thomalen, tras consultar al entonces presidente Lázaro Cárdenas, a crear junto con los trabajadores del diario, una empresa cooperativa que tuvo la fortaleza y la inteligencia necesaria para subsistir en medio de la peor crisis económica del siglo XX.

Con el tiempo, el diario ganó prestigio nacional como un medio auténtico y veraz; México se transformó lentamente; la economía crecía y sin embargo, el control autoritario y férreo del partido único en el poder propiciaba una relación poco saludable con la prensa en su conjunto, y Excélsior no era la excepción. La aciaga noche del 2 de octubre del 68, siendo entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz, México se convulsionó con la noticia de que el Ejército mexicano había disparado contra un grupo de estudiantes emplazados en la Plaza de Las Tres Culturas, en Tlatelolco, al norte de la ciudad; el saldo, decenas de muertos y desaparecidos y un puñado de estudiantes arrestados. El gobierno mexicano intentó bajo consigna detener el flujo de información mediática; Excélsior fue uno de los pocos medios que no ocultaron los sucesos; su caricaturista Abel Quezada publicó los días después de la tragedia, su acostumbrado cartón, completamente teñido de negro acompañado de un texto que preguntaba, ¿por qué?

Para entonces, el periodista Julio Scherer ya dirigía los destinos del diario con una línea editorial crítica hacia el gobierno, lo que provocó que el 8 de julio de 1976, el periódico viviera tal vez el momento más difícil en sus 100 años de vida. Desde el gobierno autoritario del entonces presidente Luis Echeverría, se inició una embestida contra la libertad de expresión ejercida por el diario. La diferencia de visiones al interior de la cooperativa provocó un cisma, por medio del cual, tanto Julio Scherer como sus más cercanos colaboradores tomaron la decisión de abandonar el diario y fundar otros proyectos periodísticos, como la Revista Proceso, el diario UnomásUno o la Revista Vuelta, dirigida por Octavio Paz.

Hoy, después de construir una larga trayectoria periodística, que incluye la colaboración en sus páginas de algunos de los más prestigiados periodistas y escritores del país, Excélsior, El Periódico de la Vida Nacional, forma parte de Grupo Imagen, una empresa presidida por Olegario Vázquez Aldir. A punto de cumplir sus primeros cien años de vida, en las páginas de Excélsior se acumulan crónicas, fotografías, caricaturas, reportajes y opiniones; todos ellos, registros históricos que se convierten con el paso del tiempo, en un valioso documento testimonial del que los historiadores podrán tomar nota en el futuro para construir la historia de México.

Hoy, diversos sectores de la sociedad mexicana y del poder público se preparan para celebrar los primeros cien años de un periódico que nos ha regalado páginas memorables. Probablemente, lectora, lector, usted como yo, el primer periódico que hayamos tenido en nuestras manos, el primer medio impreso al que nos acercamos para conocer los acontecimientos de México y del mundo, haya sido Excélsior, El Periódico de la Vida Nacional.

Celebremos pues, porque ¡cien años no son nada!

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