Yo y mi circunstancia
Firme debe ser el compromiso contra el alza en el consumo de estupefacientes.
Durante la cumbre Juventud y Productividad, efectuada apenas el 6 de febrero último en la Universidad del Valle de México, el expresidente de Estados Unidos, Bill Clinton, pidió perdón a México por su responsabilidad en el tráfico de drogas que sufre nuestro país.
Tres días antes, Excélsior cabeceó otra nota: El crimen, con más poder que alcaldías: PGR; ni EU ha resuelto el problema, afirmó el procurador General de la República. Y precisó contundente Jesús Murillo Karam: sólo cuatro o cinco municipios tienen capacidad para enfrentar al narcotráfico. Acotamos nosotros: sólo cuatro o cinco de un total de dos mil 457 (aparte las delegaciones del Distrito Federal).
Nos remite el procurador al poder económico de las bandas del narcotráfico: las altas ganancias del crimen organizado en México llegan hasta diez mil por ciento, superior a los ingresos municipales, lo que les permite competir con algunos estados de la República... en dólares. Con un dato adicional: 62% de la heroína que consumen los drogadictos estadunidenses les llega de México y el pago regresa en billetes verdes.
En el encuentro con diputados y senadores, el titular de la PGR explicó los objetivos del Mando Único Estatal de policías municipales. “¿Las policías municipales nos van a dar esa certeza?”, se preguntó. “No. Tenemos que recrear el orden policial del país, sin que esto signifique dejar desmantelados a los municipios”, respondió.
En México se duplicó el consumo de sustancias ilegales en diez años; el porcentaje pasó de 0.8 a 1.5 entre personas de 12 a 65 años de edad.
Aunque el nivel de uso de estupefacientes se considera todavía bajo (yo preguntaría: bajo, ¿comparado con qué?), el foco de atención está en los adolescentes de 12 a 17 años, entre los que la Encuesta Nacional de Adicciones (ENA) encontró hace tres años una prevalencia de 1.5%, poco más de 50% respecto de lo reportado en 2002 (0.9 por ciento).
Por sexo, el consumo ocasional en 2011 fue de 2.2% para los hombres, es decir, 50% más que el promedio global. En 2002 la cifra era de 1.3%. Respecto de las mujeres, 0.9% utilizó alguna sustancia ilegal en 2011. Pudiera parecer mínimo, pero es resultado de una tendencia creciente: representa más del triple de la incidencia encontrada en 2002, año en que era de 0.2 por ciento.
Decía el filósofo español José Ortega y Gasset en su texto Meditaciones del Quijote: Yo soy yo y mi circunstancia. Si no la salvo a ella, no me salvo yo. Con ello, quienes lo han leído a profundidad y lo han interpretado y reinterpretado, dicen que Ortega y Gasset se refería a que el entorno que nos circunda como personas forma parte de nosotros. Nos guste o no.
Nuestra circunstancia, querida lectora, querido lector, nos llama a la acción como hijos, como padres, como abuelos. Y no hago un llamado a la autodefensa porque siempre he creído que la violencia solamente es precursora de más violencia.
Mi llamado es una voz que se escucha baja y se pierde en el ruido de los problemas que nos aquejan como sociedad, que envenenan a nuestros vecinos, amigos y seres queridos. Que intoxican a nuestra comunidad.
Aunque se pierda en el extenso espacio de los problemas que aquejan al DF y a México, mi voz es una voz firme, que debe llegar al entorno de mi familia y de mis más cercanos. Es una voz firme, como firme debe ser nuestro compromiso para estar atentos a la creciente amenaza que para nuestra familia y amigos representa el peligroso incremento del consumo de estupefacientes.
Mi consejo es doble: ponga atención a nuestra circunstancia y haga que su voz se escuche.
