El nuevo Viejo Continente

Inauguro hoy esta nueva columna, Ventana a Europa, y agradezco a Excélsior por ofrecernos este espacio para contar a sus lectores lo que está pasando en el Viejo Continente, una apelación tradicional, pero que me parece corresponder cada vez menos a un continente ...

Inauguro hoy esta nueva columna, Ventana a Europa, y agradezco a Excélsior por ofrecernos este espacio para contar a sus lectores lo que está pasando en el Viejo Continente, una apelación tradicional, pero que me parece corresponder cada vez menos a un continente donde pasan en realidad muchas cosas nuevas e innovadoras, en particular a nivel de políticas públicas.

Después de casi dieciocho meses como embajador de la Unión Europea en México, me llama la atención una paradoja: hay una relación multisecular entre Europa y México, existen muchos intercambios humanos entre ambos, los mexicanos conocen bien varios países europeos y, por supuesto, muchos mexicanos son de ascendencia europea. Sin embargo, existe un déficit de conocimiento sobre lo que está pasando en Europa y lo que es la Unión Europea (que muchos llaman todavía la “Comunidad Europea”, un nombre que ya no se usa desde hace más de diez años). Seguramente este déficit señala también una insuficiencia de comunicación de nuestra parte: iniciativas como esta columna quieren corregir esta falta.

La Unión Europea (UE), con sus veintisiete Estados miembros, ha alcanzado, a lo largo de las décadas, un grado de integración, de estabilidad y de prosperidad único en el mundo. La cantidad de países candidatos a la membresía (siete candidatos oficiales, más otros que tocan a la puerta) basta para demostrar lo atractivo de su modelo, al cual el presidente Andrés Manuel López Obrador se ha referido en múltiples ocasiones para sugerir un camino similar en América Latina.

Europa ha enfrentado en estos últimos años varias crisis, que en realidad son, en gran parte, globales, las cuales nos han llevado a impulsar un nuevo esfuerzo de fortalecimiento de la integración europea y de innovación en sus políticas públicas. La UE ha demostrado que su andamiaje institucional, un tanto complejo, pero sólido y democrático, también puede ser eficiente y reactivo y que, frente a la adversidad, el reflejo de solidaridad y unión es muy fuerte.

El llamado Pacto Verde Europeo es la respuesta de la UE a la crisis climática y de biodiversidad. Frente a la pandemia de covid-19, los veintisiete Estados miembros se han unido para convertirse en el principal proveedor mundial de vacunas, mantener sus economías a flote y adoptar un plan de inversión pospandémica sin precedente de 800 mil millones de euros, dando prioridad a la transición verde, la cohesión social y la innovación, en particular la digitalización (que se acompaña de la adopción de regulaciones sin precedentes a nivel global de los actores del mundo digital). Este plan denominado Next Generation EU ha sido financiado, por primera vez, a través de una deuda suscrita por la propia UE: se trata del principal progreso en la integración financiera de la UE desde la creación del euro en 1999. Finalmente, la agresión rusa contra Ucrania y contra la paz y la estabilidad en Europa y en el mundo, ha desatado otra ola de respuestas europeas para apoyar a Ucrania, solidarizarse con los refugiados que huyen de la guerra y reforzar la independencia energética y estratégica de Europa.

Frente a dichas crisis, las respuestas europeas se han destacado por su valentía, asumiendo sacrificios y costos de corto y mediano plazos para preservar nuestra libertad, bienestar y prosperidad a largo plazo. Todas ellas han incluido siempre una dimensión internacional fuerte: somos la primera fuente de fondos de cooperación internacional hacia los países más vulnerables frente a la crisis climática, la pandemia y ahora las consecuencias socioeconómicas de la agresión rusa contra Ucrania.

Muchos medios de comunicación se enfocan en los problemas o los retos, reales, que enfrenta Europa: crisis energética, inflación, caída del euro, flujos migratorios, envejecimiento demográfico. Pero no hay que olvidar la otra cara de la moneda: las respuestas que aporta la UE a estos desafíos, que también pueden ser oportunidades, y la resiliencia europea, que se ilustra, por ejemplo, en su crecimiento económico del 2.7% previsto para 2022. Históricamente, en 72 años de integración, ése ha sido el secreto del éxito de la UE: ser capaz de salir más fuerte y unida de las múltiples crisis que ha enfrentado.

¡Bienvenidos a este espacio de reflexión y, ojalá, de diálogo sobre la Unión Europea del siglo XXI!

*Embajador de la Unión Europea en México

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