COP27: ¿la promesa de un futuro mejor para nuestros hijos?
Más allá de leyes y estrategias, lo más importante es el compromiso individual y colectivo.Durante milenios, el maíz fue símbolo del orgullo culinario nacional mexicano, sustento y eje vertebrador de las culturas mesoamericanas. Hoy, el cambio climático amenaza sus ...
Más allá de leyes y estrategias, lo más importante es el compromiso individual y colectivo.
Durante milenios, el maíz fue símbolo del orgullo culinario nacional mexicano, sustento y eje vertebrador de las culturas mesoamericanas. Hoy, el cambio climático amenaza sus cultivos y ponen a prueba la resiliencia del mundo rural y la seguridad alimentaria de tantos pueblos. En otras partes del mundo, Europa incluida, los cultivos se pierden, los litorales se erosionan, los ecosistemas se degradan, las especies forestales sufren, cientos de plantas y animales desaparecen… Nuestra civilización está amenazada y el futuro de nuestros hijos, en jaque. ¡Un panorama desolador!
¿Qué hacer? ¿Cruzarnos de brazos mientras observamos y sufrimos este proceso autodestructivo? Nuestra respuesta no puede ser otra que la acción. Acción individual y colectiva, ¡acción por parte de todos! Así lo entendemos en la Unión Europea (UE). Por eso, nuestra agenda, el Pacto Verde Europeo, es una estrategia inclusiva que abarca a todos los sectores sociales y todas las edades, mujeres y hombres, jóvenes y mayores, legisladores, empresarios e industriales, ciudadanos de a pie, en fin, todos nosotros, ávidos consumidores que, precisamente por serlo, tenemos una responsabilidad clara y concreta en todo este proceso.
Desde la UE venimos actuando con medidas muy importantes: la ley climática, por ejemplo, con la que nos obligamos de forma vinculante a esa meta de neutralidad climática para el 2050; las estrategias europeas de biodiversidad y bosques, que nos marcan el camino para proteger nuestros ecosistemas; nuestras políticas de ahorro, eficiencia y diversificación energéticas… Pero, más allá de leyes y estrategias, lo más importante es el compromiso individual y colectivo. Desde mi responsabilidad, como embajador de la UE en México, quiero apoyar ese compromiso ciudadano con nuestros recursos financieros, asistencia técnica e iniciativas de diplomacia pública. Un ejemplo: hace unos días tuve el gran privilegio de conocer personalmente y nombrar a 30 jóvenes mexicanos embajadores por el Clima. Una iniciativa inspirada por otras similares que llevamos a cabo en Europa, para empoderar a los ciudadanos y animarlos a ser portavoces de la acción y compromisos climáticos en sus respectivas comunidades y ámbitos de actuación. La energía que percibí en estos jóvenes me alienta muchísimo y me llena de orgullo poder ser parte de esta iniciativa. Su voluntad de cambiar el mundo es realmente inspiradora para todos aquellos que tenemos una responsabilidad pública.
Justamente, estos días se reúnen expertos y mandatarios de todo el mundo en Egipto, en Panamá y en Canadá para decidir cómo atajar las crisis ambientales que acechan nuestro planeta. Desde la UE animamos a todos los asistentes a estas importantes cumbres a participar activamente y a desplegar la ambición necesaria para lograr soluciones concretas y duraderas a estos desafíos.
El sábado pasado, el canciller Ebrard presentó en Egipto las nuevas metas climáticas de México para 2030, con una reducción de gases de efecto invernadero de hasta 35 por ciento. Nos congratula ver dicha ambición reforzada. Ahora bien, la ambición requiere cooperación, financiación y, sobre todo, ¡acción!
Esperamos que los resultados de estas cumbres impliquen acción y compromiso por parte de todos. Desde la UE nos ponemos a disposición del gobierno mexicano para ayudar a conseguir esas nuevas metas cuanto antes. Tenemos desafíos comunes y urgentes. ¡Protejamos nuestras cosechas y bosques, humedales y ecosistemas, la vaquita marina! ¡Trabajemos juntos, por tanto; hagámoslo por el futuro de nuestros hijos!
