¿Cómo intenta la Unión Europea parar la guerra en Ucrania?

La agresión brutal rusa contra Ucrania no tiene otro motivo que la voluntad de domi­nar esta nación y negarle su derecho a existir como Estado soberano que desea seguir el modelo europeo de libertad y democracia. Esta agresión representa una amenaza para Europa y el ...

La agresión brutal rusa contra Ucrania no tiene otro motivo que la voluntad de domi­nar esta nación y negarle su derecho a existir como Estado soberano que desea seguir el modelo europeo de libertad y democracia. Esta agresión representa una amenaza para Europa y el mundo, que no sólo afecta el futu­ro del orden internacional de paz y seguridad, sino también el bienestar socioeconómico de todos, en particular los más vulnerables. Ade­más, impide concentrar nuestros esfuerzos colectivos sobre los grandes retos globales, como el cambio climático, de los cuales de­pende el futuro de la humanidad.

La Unión Europea y sus Estados miem­bros hemos actuado como nadie más en el mundo para buscar una so­lución diplomática, hablando directamente en incontables ocasiones con el presidente Putin, primero para evitar la agresión rusa y luego para que Rusia desista de ella. Si no se ha logrado detener la guerra desa­tada por Rusia es por una única razón: Moscú no ha querido ha­blar de una solución que no sea equivalente a una capitulación por parte de Ucrania ni contemplar un retiro de las fuerzas rusas. Mientras tanto, se acumulan las pruebas de crímenes horrendos cometidos a diario por estas fuerzas contra civiles y militares ucranianos y la destrucción deliberada de infraestructuras civiles.

Desde el comienzo de la agresión, los eu­ropeos hemos sido firmes en nuestros prin­cipios, junto con muchos otros países que representamos más de 50% del PIB mun­dial: apoyar a Ucrania, no sólo en su legítima defensa, sino también para su reconstruc­ción futura; asfixiar el esfuerzo bélico ruso a través de sanciones precisas y duras; apo­yar a las víctimas directas e indirectas de la agresión rusa, en Ucrania y en el resto del mundo; no ser parte del conflicto y evitar cualquier escalada, en particular nuclear.

Nuestra estrategia está funcionando: bas­ta con ver cómo Rusia protesta cada vez más contra nuestras sanciones y el apoyo que brindamos a Ucrania y recurre a la amena­za y el chantaje energético y alimentario. La creciente falta de estadísticas confiables en Rusia no logra esconder la realidad: el con­siderable debilitamiento del poderío militar ruso y de su economía de guerra. En el terre­no militar, se están reequilibrando las fuer­zas gracias, en particular, a nuestro apoyo: Ucrania ha logrado liberar parte del territorio ocupado por Rusia desde el mes de febrero.

En esta situación, seguimos buscando una solución diplomática que ratifique la sobe­ranía de Ucrania y los principios de paz y de seguridad internacional.

Un cese al fuego que simplemente con­gelaría la situación militar, es decir, las ile­gales conquistas territoriales de Rusia —en un momento en el que, además, están fragilizadas por la contraofensiva ucrania­na— equivaldría a premiar al agresor. Le permitiría reagru­par y recomponer sus fuerzas para reanudar la ofensiva más tarde. Una solución duradera y que permita realmente abrir el camino de la paz sólo pasa por un retiro de las tropas rusas y unas garantías contra una nueva agresión de su parte.

Todos los países apegados a la paz y la estabilidad internacional debemos presio­nar a Rusia en este sentido, cada uno de acuerdo con sus capacidades y tradiciones diplomáticas.

México, con su larga tradición de país pro­motor de la paz, tiene un papel importante que jugar. Desde los primeros días condenó la invasión rusa y fue activo en la búsqueda de un cese al fuego y de la protección de las poblaciones civiles. Acogemos con beneplá­cito la voluntad expresada por el Presidente de México de contribuir al establecimiento de una paz duradera, basada en principios que son en realidad los enmarcados en la Carta de las Naciones Unidas. Como socios estraté­gicos, estamos dispuestos a seguir el diálogo con la diplomacia mexicana sobre la mejor manera de coordinar nuestros esfuerzos para lograr este objetivo.

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