Sin penacho ni J.P. Morgan

•Durante el Desarrollo Estabilizador se sanó la herida.

Gabriel Reyes Orona

Gabriel Reyes Orona

México sin maquillaje

Inician los grises festejos del bicentenario de la Consumación, sin penacho de Moctezuma, sin códigos en préstamo ni actos de contrición por la Conquista. En su lugar, llegó el Presidente del país que tiene menos del 0.2 % del comercio internacional de nuestro país, ocupando lejana posición, después del lugar 30, entre nuestros socios comerciales. Así es, los argentinos, hermanos, pero la relación comercial con ese país es más que raquítica, sin que se sepa nada de los opacos apoyos recíprocos que se otorgarán los partidos que se hicieron del poder. La estrella central de la bandera Trigarante es la de la unión, esa que le falla muy duro al incorruptible. De religión ni hablamos, se trata de un masón evangélico que no gusta del rito católico. Eso sí, es independiente de todo y de todos, se manda solo y a nadie rinde cuentas. Pero, aun así, conmemoramos el Plan de Iguala.

La triunfal gira por Europa para hacer llegar valiosos objetos de la historia nacional sólo dejó facturas por pagar. Nos guste o no, ha bajado el aprecio por la relación con un Estado de libertades en suspenso. Lo ocurrido con la centenaria presencia de un agente, de la talla de J.P. Morgan, nos da una idea del grado de descomposición. Los financieros, claro, ven por hacer negocios, pero lo cierto es que han tenido un importante papel en apoyar a gobiernos emproblemados, empezando por el estadunidense. Ojalá que no, pero puede ser el no deseable retorno al país, sin crédito nacional, que dejara Lázaro Cárdenas.

Los primarios conocimientos que los mitócratas tienen de la gestión del michoacano, les impiden advertir que, con sus decisiones, México entró en las tinieblas del aislamiento internacional, roto sólo por la venta del bloqueado petróleo mexicano a la Alemania nazi, operada, debajo del agua, por encumbrados políticos. Los nubarrones de la debacle se cernían sobre la nación, pero, una conflagración internacional y la necesidad de innumerables pertrechos, inesperadamente, restablecieron la relación de México con la comunidad internacional. Sin embargo, el crédito público se encontró mermado y alicaído durante décadas, al grado que no fue sino hasta mediados de los 70 que México dejó de ser un vetado deudor incumplido.

Al finalizar la guerra, llegó un genio de las finanzas que logró el rescate económico, el último don en la SHCP, Antonio Ortiz Mena. Su gran éxito, el respeto a la palabra dada y honrar el pacta sunt servanda. Aprovechando los planes de reactivación que trajo la posguerra no sólo estabilizó el país, sino que también surtió las crecientes necesidades del erario, en tanto Pemex hacía costosas peripecias para hacer aportaciones relevantes al presupuesto, lo cual, no sucedió, sino hasta finales de los años 60.

Durante el Desarrollo Estabilizador se sanó la herida creada por gobiernos que hacen enemigos a los amigos y legisladores a los cómplices.

Al igual que la expropiación de la banca y la cancelación del aeropuerto de Texcoco, las nacionalizaciones han sido defendidas políticamente a ultranza, y hasta han sido aplaudidas, pero terminaron siendo implementadas con cuestionables y cuantiosos costos que se ocultaron debajo del tapete por impresentables. Suelen dejar inviables proyectos patrioteros, que sólo sobreviven si el erario los subsidia, desatendiendo necesidades sociales básicas. No tengamos duda, en su tiempo, las empresas extranjeras, petroleras y eléctricas, así como los banqueros, a la larga, terminaron ganando la partida, un pueblo engañado pagó tales desplantes sin hacer cuentas. Mucho ruido y pocos dividendos para la nación.

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