Salidas y venganzas

La violencia, los muertos y la sangre “no tienen sexenio”, por más que la política quiera establecer periodos

Sigo impactado con la violencia, con la locura que nos define como país.

Me llama la atención nuestra tendencia a culpar a otros de este fenómeno. Nosotros somos los que gestamos el escenario en el que se puede matar a 13 personas en Veracruz, incluidos bebés.

De poco sirven las palabras del Presidente culpando de la violencia al cochinero “que nos dejaron”.

La violencia, los muertos y la sangre “no tienen sexenio”, por más que la política quiera establecer periodos.

De verdad que me parece una irresponsabilidad impresionante que sigamos en la jalada de andar culpando a uno y otro político de las muertes, cuando este país lo jodimos todos.

Si no entendemos que la sociedad, participando como denunciante de la violencia, como contenedor de la podredumbre social, es el principal agente de cambio, no hay ninguna posibilidad de mejora.

La violencia se aprende en casa. La violencia permea de adentro hacia afuera. Considerando que en este país el 70 por ciento de las mujeres mayores de 15 años sufre un episodio de violencia en la casa, la escuela o el trabajo; lugares donde se deben sentir más seguras, paradójicamente, son los sitios en los que son agredidas.

Eso explica un poco o un mucho que las calles sean escenarios de sangre y balas.

Tenemos que empezar a contener la violencia rampante en los hogares, si no la posibilidad de acotar las balas en todos los escenarios es nula.

Puede existir la Guardia Nacional o cualquier solución civil o militar, pero la violencia seguirá acompañando nuestra vida si todos los días sale de las casas.

En este mismo espacio ya había hablado de Fabián Medina, un oscuro personaje que se había atribuido el mismísimo triunfo de Andrés Manuel López Obrador.

Don Fabián se la vivía repartiendo sentencias de muerte a diestra y siniestra, este sujeto que se presentaba como el hombre más cercano al canciller y que se atribuía las afrentas de Marcelo Ebrard y prometía vengarlas de manera “sangrienta”.

Lo que se sabe a través de las redes sociales es que sí trabajaba con Ebrard en la cancillería, pero en un cargo menor y no como jefe de su oficina.

Ha trascendido que fue el mismo Marcelo quien determinó su salida, después de una serie de filtraciones en donde lo involucraban en sobornos y corrupción.

Al que se presentaba como jefe de la oficina de Marcelo Ebrard ya se le había involucrado en otras irregularidades, y ante las mismas dijo que la información era: “dolosa e infamante, cuyo único fin es dañar mi honor e imagen personal y como funcionario”.

Dicen que todos merecen el beneficio de la duda, pero mientras son peras o manzanas ya salió del directorio de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE).

Reitero que los funcionarios de esta administración deben tener en cuenta que ellos no han ganado absolutamente nada, que quien ganó todo en esta elección fue únicamente Andrés Manuel López Obrador y que ellos sólo deben de tener la responsabilidad de servir a la ciudadanía y no andar de cobradores de afrentas ajenas.

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