Respeto al Ejército nacional
¿De verdad los miembros del Ejército mexicano tienen que aguantar que se les ataque, que se queme un cajero de una institución que depende de la secretaría? ¿Hasta cuándo van a tener el temple para no responder?
Estoy profundamente preocupado por la agresión al cuartel del 270 Batallón con sede en Iguala. Muchachos embozados, como es costumbre, lanzaron bombas molotov en contra de la puerta de entrada del cuartel, incendiando la misma y calcinando también un cajero de Banjercito. Mi preocupación se basa en argumentos legales y también lógicos.
Según las diferentes convenciones internacionales, un ataque de este calibre puede ser considerado como una agresión con derecho a responder con la fuerza del Ejército. Me queda claro que nuestro Ejército es templado y viene del pueblo y que jamás tomaría una determinación de atacar a civiles que no están armados con armas de fuego. Por lealtad, por disciplina, porque son unos profesionales y, como diría Andrés Manuel López Obrador, son pueblo con uniforme.
Pero, por el otro lado, me pregunto, ¿qué puede llegar a pasar cuando en una situación extrema un soldado o un mando tome la determinación, como es su derecho, de disparar en contra de los agresores?
No puedo borrar con letras los excesos reales en los que han incurrido miembros de la Fuerzas Armadas, violando derechos humanos, pero tampoco puedo borrar que un grupo grande de mexicanas y mexicanos se despierte todos los días a partirse la madre por los connacionales, ya sea en la aplicación del Plan DN-III-E, cuando se presenta una emergencia o un fenómeno natural catastrófico, no puedo borrar tampoco que nuestras Fuerzas Armadas se parten el alma todos los días, sin un marco jurídico adecuado, para abatir a los delincuentes, que van desde huachicoleros hasta traficantes.
Es verdaderamente una grosería que la Secretaría de la Defensa Nacional ponga los muertos y sólo se reconozca a aquellos que en el fragor de la lucha cometen excesos.
Pero vuelvo a la agresión de los presuntos estudiantes de la Normal Rural “Raúl Isidro Burgos” de Ayotzinapa. ¿De verdad los miembros del Ejército mexicano tienen que aguantar que se les ataque, que se queme un cajero de una institución que depende de la secretaría? ¿Hasta cuándo van a tener el temple para no responder?
A veces pienso que se trata de una celada para desprestigiar a nuestras Fuerzas Armadas. No entienden que atacar al Ejército es darle en la madre a la última trinchera de este país.
Las policías fallaron y nos queda sólo el Ejército y hay un movimiento perverso para desprestigiarlo, nada más equivocado. No es una institución perfecta, tiene errores porque es de humanos, pero es muy peligroso desprestigiarla de esta forma, porque, como diría el Chapulín Colorado: y ahora, ¿quién podrá defendernos?
He tenido el honor de convivir con muchos miembros del Ejército mexicano. Desde el general secretario Salvador Cienfuegos hasta miembros de la tropa, y sólo he podido identificar un profundo amor a México. Devoción, pasión y servicio.
El Ejército no es enemigo ni del pueblo ni de las ideas de izquierda. Tenemos un Ejército institucional que es el más eficiente del mundo en función del presupuesto que se destina. Creo que ha llegado el momento de dejar de faltarle al respeto. Creo que fueron suficientes los ataques recientes y el culparlo de una guerra desmedida que ellos no empezaron, pero de la cual no saldrá nadie victorioso sin la participación de los heroicos mujeres y hombres que, de forma patriótica, arriesgan la vida por nosotros.
Lejos de los errores de toda institución, pido respeto y reconocimiento a nuestro Ejército que, reitero, es el más eficiente del mundo. Que se castigue lo malo, pero cuándo carajo reconoceremos su esfuerzo.
