México suicida
Me pregunto, de verdad y con sinceridad: ¿en qué momento los mexicanos nos convertimos en suicidas? En estos seres en donde creemos que las lágrimas del de junto tienen color e ideología, que los borbollones de sangre son menos importantes si son del equipo de enfrente. ...
Me pregunto, de verdad y con sinceridad: ¿en qué momento los mexicanos nos convertimos en suicidas? En estos seres en donde creemos que las lágrimas del de junto tienen color e ideología, que los borbollones de sangre son menos importantes si son del equipo de enfrente. Es más importante para todos los actores políticos que el de enfrente falle a que el país y sus habitantes tengan algún beneficio.
La desigualdad sigue siendo odiosa y asquerosa, pero el dolor y el olvido del pobre es poco importante mientras eso afecte a los chairos, a los pejezombies, a los fifís o a quien sea que piense diferente.
Las redes sociales se han vuelto un auténtico fetiche, en el cual un grupúsculo de imbéciles siente un placer infame cuando alguien cae en desgracia, cuando la jauría de imbéciles útiles y de bots pagados destaza a alguien. Como hienas, riéndose de la desgracia, con las fauces manchadas de sangre y hambrientas de más carne, ávidos de la equivocación ajena para arrojarse sobre la carroña, para ver qué imbécil es el más mordaz o el más inquisitivo o quién maneja el sarcasmo más cruel.
De verdad, ¿en qué demonios nos hemos convertido? Lo único que me queda claro es que vamos en el camino de un suicidio colectivo. En donde poco importa la moral, el bien común, el de junto, el dolor o hacer mal a los demás.
La lógica a la que atendemos es la de priorizar nuestros intereses a los de nuestro grupo y a nuestro credo político. Nuestros políticos no son más corruptos que antes, pero tampoco son un dechado de honradez.
Yo no me explico en qué momento renunciamos a usar la lógica y el raciocinio. ¿En qué momento perdimos nuestra capacidad de análisis y nos convertimos en el instrumento de unas redes sociales y de la peorcracia?
Con dolor, lo digo claramente, en este país, la forma de gobierno es la peorcracia, el gobierno de los perores por los peores motivos. Y no me malinterpreten o pueda yo levantar la furia de fifirios y zombianos, no ha cambiado nada, porque la mayoría de integrantes del actual gobierno, como en el pasado, son los mismos políticos de siempre. Esos que buscan tener un mejor nivel de vida, cuando sus capacidades no dan para ello.
Me quedó muy marcada la respuesta de Frederik de Klerk, expresidente de Sudáfrica y Premio Novel de la Paz que, compartido con Mandela, en la cumbre de Yucatán, que tuve el honor de moderar, cuando le inquirí qué pasaba con los gobernantes de ahora, tan lejanos a los estadistas que, como ellos, pudieron desmantelar el apartheid. Su respuesta fue clara y contundente: “Los políticos deben entender que su misión es servir a la gente, no sirven a una ideología ni a un grupo cuando están en el gobierno”.
No obstante, cuantos ataques y distorsiones puedan existir en las redes y cuanta hostilidad puede haber entre grupos antagónicos, no pienso renunciar a mi lógica y, sobre todo, a ser mexicano. No renunciaré a criticar, cuando así sea necesario, las acciones que considere inapropiadas del Presidente, pero tampoco voy a renunciar a aplaudir las que sean un acierto. No pienso acusar, sin pruebas, a los gobiernos pasados, pero tampoco voy a subirme a legitimar acciones manchadas de corrupción. No pienso hacerme fifí, no pienso volverme AMLOver. No voy a renunciar a ser mexicano, a amar a México antes que probar mi punto de vista en las redes, de aniquilar con mi odio a los errores o criterios de otros. Se nos olvidó ser mexicanos, se nos olvidó amar a México, se nos fue entre las manos el cuidarnos entre ciudadanos con tal de apabullar al otro para dejar como idiota al Presidente o para exculpar de forma acrobática los fallos del ciudadano.
Quiero que seamos mexicanos, quiero que, sobre las ideologías, entendamos que este país atraviesa uno de sus peores momentos y que la sangre de 98 mexicanos que pierden la vida sólo trae dolor y no pensamiento político.
