Los sordos del aeropuerto

El 26 de febrero, mi compañero y amigo Pascal Beltrán del Río escribió en este espacio una columna imperdible y aplastante sobre David Colmenares, auditor superior de la Federación. Nos recordó, con estupor, el origen y ADN de este funcionario. Nos remontó a su ...

El 26 de febrero, mi compañero y amigo Pascal Beltrán del Río escribió en este espacio una columna imperdible y aplastante sobre David Colmenares, auditor superior de la Federación. Nos recordó, con estupor, el origen y ADN de este funcionario. Nos remontó a su impulso priista, que dobló a la oposición por designio del anterior régimen, con la evidente intención de proteger las tropelías de Peña y su escudería de ratas.

Llegó la información que distribuyó el órgano autónomo del Poder Legislativo donde, según los datos que se revelaron y que finalmente recularon, las pérdidas por la cancelación del aeropuerto de Texcoco eran mucho menores a lo que dieron a conocer en su comunicado inicial.

Esto significó un millón de interpretaciones encabezadas por la descalificación del jefe del Ejecutivo, que a la voz de: “Yo tengo otros datos”, descalificó lo revelado por la ASF y en esta ocasión, para beneplácito de seguidores y furia de opositores, tuvo toda la razón. Hay especulaciones que hablan de presiones en contra del auditor, pero tomando en cuenta su antecedente resulta muy orgánico que ande pagando favores a los priistias que lo nombraron. Por supuesto que hay que recordar que, cuando lo nombraron, la mayoría de los diputados de Morena también lo avalaron, pero eso es motivo para un análisis aparte.

Independientemente de lo anterior, al más puro estilo de nuestro doctor Chimoltrufio, que como dice una cosa dice la otra, el auditor reconoció, en menos de 12 horas, ¡que se equivocó! ¿Un error real? ¿Estupidez? ¿Mala intención? ¿Complicidad con el pasado? Me pregunto qué fue lo que llevó al desprestigio total y absoluto a un órgano que otrora fue un equilibrio real entre poderes y hoy se convirtió en la burla mañanera del Presidente. ¡En fin!

Todo esto como antecedente a la conferencia mañanera del Presidente, en la cual exhibió, según él y su delgado aparato de comunicación, a aquellos que somos “conservadores” y que, en la corta mirada de su vocería, conspiramos en contra de su gobierno. La verdad es que los pingües ataques de la vocería me llenan de alegría, la nula creatividad en redes sociales para referirse a mi ejercicio periodístico me inspira a niveles que nunca pensé explorar. Me complacerían de forma importante como inspiración motriz, pero todo se rompe cuando recuerdo que los ataques de estos enanos mentales son pagados, y que los mexicanos tenemos que entrarle a la patética estrategia de comunicación, que no necesita inflarse ante la popularidad del Presidente, pero que tienen urgencia de personajes tan pequeños, que no operan por el Presidente, que reitero, tienen la aprobación por los cielos, pues ellos buscan legitimarse aun afectando a la figura presidencial. Lo que me parece una tracción a la patria.

No imagino, si por esta misma mala intención de perjudicar al Presidente, a quien deben de servir, su aparato de comunicación le sirvió una trampa adicional. Confundiendo todos los géneros periodísticos, le generó un video que era una ensalada rusa con las notas que fueron, en algunos casos sólo consignadas, narradas, editorializadas o citadas entre otros géneros, al respecto de los datos de la ASF y los números respectivos a la cancelación del NAIM. Entre el desmadre de videos pueden ver muchas editoriales tendientes a criticar al gobierno sin esperar mucho más. Estos mismos se cayeron en el abismo del prestigio de Colmenares. Lo grave es que fue el pretexto del gobierno para hacer un show en donde desprestigiaron a muchos medios sin deberla, sin otro motivo que la errática selección de comunicación social de Presidencia.

Quiero dejar claro, como lo hice sin respuesta a la instancia en cuestión, que yo no estoy en favor ni el contra de nadie. Pues creo que debemos de apostar, como país, al sentido común. Que mis lectores y más mis detractores saben que estoy en contra de algunos ejercicios de gobierno de AMLO, como, por ejemplo, la refinería de Dos Bocas, de la cual no estoy de acuerdo, pero en el caso del Aeropuerto Felipe Ángeles, he sido, quizá, de los pocos comunicadores que se ha pasado más de 24 horas en la construcción de esta obra entendiendo si era un buen proyecto o no. Después de estudiarlo y vivirlo, lo que entendí es que López Obrador tuvo razón en cancelar Texcoco y que este proyecto no sólo es digno, sino que lo supera en estrategia. Por cierto, esto está plasmado en 8 reportajes de más de 4 minutos en promedio que fueron presentados en la señal de Imagen Televisión. No obstante lo anterior, y sin ánimo de ser del agrado del Presidente, que nunca ha sido una directriz y menos de ser reconocido por apoyar su proyecto menos preciado por todos, creo que su vocería está totalmente extraviada, tomando en cuenta que las anotaciones que López Obrador rechazó tienen que ver con el aeropuerto que yo, convencido, apoyé y que su gente ni si quiera entendió y, peor, nunca pudo ni capitalizar un trabajo periodístico y de meses de investigación.

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