Los jóvenes, nuestra esperanza amenazada
De una cifra cercana a los 33 mil desaparecidos, según cifras oficiales, el 42% son jóvenes. Las historias de terror de los últimos días no hacen más que confirmar la situación insoportable e inaceptable de los jóvenes en México. Las opciones a las que hemos ...
De una cifra cercana a los 33 mil desaparecidos, según cifras oficiales, el 42% son jóvenes. Las historias de terror de los últimos días no hacen más que confirmar la situación insoportable e inaceptable de los jóvenes en México.
Las opciones a las que hemos condenado a la juventud mexicana son pocas y sombrías. Una educación de mala calidad que si no es apuntalada por el talento e inteligencia del joven no alcanza para obtener una plaza bien remunerada y que permita desarrollar el emprendimiento. Condenarlos a no tener ni esperanza ni futuro, de modo que los hacemos presa fácil del crimen organizado, en donde son reclutados por cinco mil pesos al mes y son dotados de AK-47, camioneta y licencia para matar. Bajo el lema: “Prefiero vivir un año como rey que mil como güey” están dispuestos a agarrarse a balazos con soldados, marinos, policías y rivales, su sangre vale un fajo de billetes. Y el más triste destino, ser interceptados por el crimen organizado, en cualquier actividad, desde los 43 desaparecidos hasta los estudiantes de cine de Tonalá, acaban quemados, torturados, asesinados o disueltos en ácido en manos de un desadaptado como el QBA, un supuesto rapero, que no es más que un resentido social.
Un país que no le ofrece un futuro a sus jóvenes es un país que no se ofrece un futuro. En el momento en que nuestros jóvenes no tienen esperanza, matamos la esperanza de una nación. Estamos extirpando a sangre y fuego los sueños de los que deben de ser el futuro de nuestro país. En donde estamos perdiendo el país, sobre todo, extraviando lo más importante, asesinando cruelmente a sus herederos.
Lo más preocupante es que de nuestros cinco candidatos, ninguno de ellos ha hecho a una propuesta real, centrada y viable para acabar con esta espiral maldita, que nos pone en el borde del abismo. No estoy exagerando. Un país en donde sus jóvenes están sometidos a esta violencia, que no pueden desarrollarse y crear, ni va a crecer ni a prosperar. Dónde están las condiciones para que puede existir un Steve Jobs y su genialidad, un Mark Zuckerberg que pueda interconectar al mundo.
Pese a lo anterior, hay una horda de jóvenes que con valentía y esfuerzo, de todos los estratos sociales, se dedica a crear programas para supervisar el destino del dinero pagado en impuestos, para identificar fake news, otros con responsabilidad social y otros con interés político.
Tenemos una generación de jóvenes chingones y rifados, que pese a todas las limitaciones de nuestro sistema educativo, a los peligros e interferencia, tienen ganas de salir adelante, de engrandecer a México, de forjarse un futuro mejor y promisorio.
Estoy convencido de que independientemente de quién gane la Presidencia de México, nada va a cambiar si no cambiamos como sociedad. No hay forma de que este país cambie nada, si nuestra sociedad no empieza a ser responsable y evitamos la mordida, la rapiña en accidentes, el valemadrismo endémico que nos han llevado a ser un país sin ley.
No importa que podamos revivir a Winston Churchill, necesitamos un estadista sin duda, pero ninguno podrá revertir nuestra tendencia a la transa y la hueva. El 10 de mayo de 1940, cuando asume el cargo como primer ministro, hizo muchas cosas, pero nunca le mintió a su pueblo, pero hay que tomar en cuenta que su pueblo nunca quiso mentiras, sabían que su sobrevivencia dependía de saber la verdad, de ser inspirados por un líder y seguirlo para lograr su supervivencia. Y no exagero en decir que el liderazgo de Churchill, con todos sus defectos, salvó a Inglaterra de la extinción.
Me queda claro, no dejaré de decirlo, este país necesita un líder inspirador, no un político común y corriente. Alguien que nos haga entender y querer cambiar y engrandecer a México. Que nos transforme en el país que podemos y merecemos ser. La mala noticia, hasta hoy ninguno. Seguiremos esperando que se destape el estadista, en lo que seguimos de espectadores de una ópera bufa.
