Lo que me resta de vida y de país

Creo que pocas columnas las escribiré con la honestidad intelectual como la que está a punto de leer. El porqué es simple. Porque hay momentos en la vida en donde después de acontecimientos, de sufrimientos, de lágrimas y de pérdidas se debe de hacer un alto. No ...

Creo que pocas columnas las escribiré con la honestidad intelectual como la que está a punto de leer. El porqué es simple. Porque hay momentos en la vida en donde después de acontecimientos, de sufrimientos, de lágrimas y de pérdidas se debe de hacer un alto. No histriónico o literario, real en donde, en mi caso, por ejemplo, debo reconocer que con suerte ya crucé la mitad de mi vida y tengo que pensar bien cómo quiero vivir el resto.

No creo ser nada distinto de los demás que rondan mi edad al estar conscientes de que ya no se pueden hacer pruebas, esperar personas o milagros. Es momento de tomar de forma decidida la rienda de nuestra vida y siendo romántico de nuestro corazón. A veces estas decisiones implican renunciar a muchas cosas, (y el dolor no es menor), personas, comodidad, gustos personales. Pero si no renunciamos seguiremos atados a fantasmas perversos, a ser acomodaticios y permanecer en nuestra zona de confort.

Esto no quiere decir que debemos tomar desiciones sin pensar, precipitadas o con las personas equivocadas. No creo querer algo distinto al del resto de la gente, tomar alguien de la mano si es que no lo tiene, ser feliz, tener tranquilidad, dejarse de temores, de traiciones, de venganzas e iniciar el olvido de los perversos y lo malo. Ver a los hijos realizados todavía en contra de nuestros planes, pues es en ellos en donde vemos la preservación de nuestra existencia.

Acabo de terminar un libro que se llama El oficio de la venganza de L.M. Oliveira, en él se narra la aventura de Aristóteles Lozano, por vengarle de Cristóbal San Juan, quien huyó con su novia. Es una narrativa de cómo Cristóbal va de lugar en lugar y de pareja en pareja, profiriendo cada vez un daño más estructurado, incapaz de amar a nadie más que a sí mismo, creyendo que es feliz, pero destruyendo por dentro. En esta aventura, el propio Aristóteles deja todo en lo de vengarse, de hecho se convence de que, su pusilanimidad como crítico de libros ha sido sustituida por una valentía sin límites, por la fuerza de cobrarle a su agresor con lo más doloroso.

“La venganza es hermosa, es milenaria, nos hace humanos y nos dignifica”. Es el enunciado con el que inicia el texto de Oliveira. Aunque suene romántico andar de justicieros, nos deja un vacío puntual en el alma, no nos dignifica nos convierte en iguales bestias que las que nos ofendieron, no nos hace humanos, al contrario, si esta humanidad en algo se está perdiendo es en esta espiral interminable de te hago y me haces, de me guardo las afrentas, pero nunca reconociendo las mías. Para lograr la tranquilidad y la felicidad, necesitamos lo mejor de nosotros y lo mejor del de enfrente.

Todo lo anterior para hablar del momento que vive nuestro país. ¿Por qué?, creo que es muy parecido a una mujer o un hombre que quieren vivir bien en paz y felicidad. Creo que este país ya se cansó de pérdidas y de lágrimas. De embustes y de mentirosos, de aquellos que prometen algo y en realidad están con otros. De aquellos a los que les dimos confianza, apoyo o ayuda y al final están con otros intereses, mintiéndole a quienes los apoyaron y viendo por sus intereses y sus pasiones. De ese grupúsculo creo que hemos tenido demasiado.

No, no me malinterprete, no creo que sea López Obrador y su grupo, quienes por sí mismos van a pacificar este desmadre. Creo que todos y me pregunto cuán dispuestos estamos a entrarle para lograrlo. En el gobierno de quien se convertirá en presidente electo el próximo miércoles, hay señales muy buenas y otras no tanto. Una señal positiva fue la reunión que tuvo con Meade, quien he dicho, desde el principio, es un hombre honesto y capaz, ojalá haya lugar para incluir a alguien que sabe tanto de la economía de este país en un equipo tan “plural”. Bartlett y un servidor no tenemos, exactamente, una buena relación, en alguna ocasión escribió una carta en uso de su derecho de réplica en contra de una columna de este espacio, se la contesté y como, precisamente, no tiene la cola muy corta prefirió callar. Algo muy adecuado para aquellos que hoy son adalides de la democracia y otrora fueron bufones del poder.

Pero también entiendo que hay algunos políticos más malos que otros que se necesitan en distintos lugares. Para explicarme claramente, en la URSS se decía que Lenin llamaba “idiotas útiles” a aquellos necesarios para las causas comunistas que adoptaban las doctrinas a pie juntitas; después se descubrió que fue The New York Times el primer lugar en donde se usó en 1948, pero esto no es más que un breviario cultural, lo que quiero que se entienda es que también en política a veces se ocupan los “cabrones útiles”, aquellos que impresentables a veces, son los únicos que se meterían a la cañería a destapar el tapón de mierda. Esto me lo explicaba un amigo querido, en el ámbito sindical, estoy con él de acuerdo en algunas partes, en las prácticas hay otras que no, pero, quizá, sería pura retórica, porque sin esos impresentables, quizá, el país seguiría en pañales. Lo que es un hecho es que muchos se pasaron.

Lo que no puede ser aceptable, es el ánimo de venganza de algunos, que como lo he escrito en estas mismas líneas no hicieron nada para regresar al poder. Que quede claro, esta elección como ninguna otra, la ganó una sola persona, los gobiernos de los estados, las curules en esos congresos, las presidencias municipales, las ganó López Obrador. Así que es inaceptable que vengan a querer cobrarse afrentas de las cuales no tienen la calidad moral o electoral para reclamar sangre, así que como lo diría su líder moral, serénense que la política como el amor, es una rueda del infortunio en donde pueden estar arriba y otro día hechos pedazos.

Y para todos aquellos que son fanáticos de la venganza les dejo dos joyas, que quizá ayuden a que su patética vida, decorada con brillos falsos como ellos, pueda encontrar sentido sin vengarse y joder a los demás: “Siéntate pacientemente junto al río y verás pasar el cadáver de tu enemigo flotando”, (proverbio chino). “Yo no hablo de venganzas ni perdones. El olvido es la única venganza y el único perdón”, Borges.

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