Linchamientos
En el Leviatán, Thomas Hobbes se explica con claridad de qué forma el ciudadano, el siervo del señor feudal, cede su soberanía al señor, para que este, a su vez, lo pueda proteger de cualquier peligro exterior. De la misma forma el “señor” feudal adquiere por este ...
En el Leviatán, Thomas Hobbes se explica con claridad de qué forma el ciudadano, el siervo del señor feudal, cede su soberanía al señor, para que este, a su vez, lo pueda proteger de cualquier peligro exterior.
De la misma forma el “señor” feudal adquiere por este pacto, algunos derechos hoy inusitados, pero en aquella época justos según el pacto social.
Uno de ellos era el derecho de “pernada” que le daba la opción al señor feudal de pasar la noche de bodas con la novia.
Todo esto tiene sentido, en la idea de que el ciudadano cede su soberanía para que en su momento el señor feudal y más adelante un Estado, con el pacto social de Rousseau, pueda ejercer el monopolio de la violencia.
Si vamos mucho más atrás y analizamos el Código de Hammurabi, primer célebre instrumento penal de la humanidad, encontraremos la legendaria frase: “Ojo por ojo, diente por diente”.
Hoy es un lugar común, pero en ese entonces, claramente, permitía a aquel que fuere ofendido cobrar justicia por propia mano.
Es evidente que la gente está up to the mother, German Dehesa digixt, ya no tiene tolerancia a ser víctima. Mucho han sufrido en su vida como para, también, someterse a pérdidas que pueden representar no
volver a ver a un ser querido.
Aunque esto suene lejano, del 2006 a la fecha, más de 35 mil mexicanos han desaparecido y sus familias no tienen la suerte, de menos, de tener una lápida fría y blanca en donde se den cuenta cuán irremediable es la muerte.
Todo esto viene a colación, por los hechos de barbarie que se presentaron en Puebla e Hidalgo, en donde turbas sacaron de la cárcel y, posteriormente, quemaron a presuntos roba chicos. Para ahondar en el tema, es fundamental entender el hartazgo ciudadano. Cuando hay vacíos tienden a ser ocupados, pero de la peor forma, con violencia e impunidad.
En ambos casos, Puebla e Hidalgo, el caldo de cultivo en donde se cocinó la muerte de cuatro personas, fue, precisamente, el clima de impunidad. Los rumores del peor delito, los roba niños.
Me queda claro que cada día la mecha está más corta. Que la ciudadanía no confía ni cree en nadie, pero estamos ante el peor escenario. Los juicios sumarios en donde una turba condena a muerte a un par que nada tienen que ver en el delito en comento.
Los linchamientos no son nada nuevos, de hecho hace ya casi 50 años, precisamente en Puebla, en la zona conocida como La Malinche, un par de excursionistas fueron acusado de ser agentes extranjeros y de la misma forma fueron linchados.
No podemos, dentro de ese tema, olvidar los linchamientos de Tláhuac, en donde agentes de la Policía Federal fueron puestos ante la ciudadanía como secuestradores. Posteriormente, los mismos miembros de aquel grupo, fueron quienes azuzaron a la gente para que en la ignorancia lincharan y condenarán a dos investigadores de la Policía Federal.
Cabe destacar que en ese caso los autores intelectuales eran miembros de la banda que, a su vez, investigaban a los agentes despellejados en la zona y que pudieron a la postre resolver su citación jurídica.
Con tristeza y preocupación me doy cuenta de que la gente obtiene más satisfacción en la venganza, en quemar vivo a alguien que, quizás, nunca ha tenido más que buenas intenciones, que en la justicia.
¿Está viva la justicia? La respuesta no la tengo, pero me queda claro que no es el camino para pacificar al país, con mensajitos entre simpáticos y melosos en donde se escurre el hombro.
Finalmente, creo que si no restablecemos un verdadero Estado de derecho, la tentación de quemar y linchar estará muy presente. La gente prefiere la justicia pronta y expedita, que está perfilada en la Constitución, pero que no llega nunca, y prefiere tomarla por sus propias manos.
Pero nos lleva a un estado de barbarie inusitado. De qué sirve la cesión de la soberanía cuando no hay justicia. Cuando la impunidad es el signo distintivo. ¡Así no juego!
