La gasolina y México

No tengo la intención de explicar qué pasa con la gasolina (...) de lo que no puedo encontrar explicación es de qué queremos como país.

Estoy sorprendido. No sé a qué le tiramos, qué queremos y en qué demonios perdemos el tiempo. La crisis de abasto de gasolina ha sido un factor más de polarización en nuestro país. Hay teorías de todo tipo y en lo particular he recibido todo tipo de ataques y descalificaciones por cualquier motivo. Toda la semana pasada hicimos un ejercicio de informar en distintas zonas de la ciudad, cuáles estaciones de servicio estaban abiertas y cuáles no. El ejercicio, –que no tiene ningún valor estadístico, pues apenas pudimos llegar a 15 estaciones de servicio cuando en la CDMX hay más de 400– tenía el único propósito de informar a la población de una zona determinada cuál era la situación del abasto de gasolina. Es evidente que no tiene ningún valor estadístico y nunca fue la idea. Pero con todo y ello fuimos objeto de una serie de críticas y ataques por proteger al gobierno. No entiendo cómo se protege al gobierno sólo reportando lo que pasa. Uno de los días encontramos la mayoría de estaciones cerradas; otro día, resultados mixtos y el viernes, la mayoría abiertas.

No tengo la menor intención de explicar qué demonios pasa con el abasto de gasolina. No quiero, si quiera, molestar a las mentes maestras que saben qué pasa y cuánto ha dejado de comprar el gobierno mexicano y tampoco quiero relatar los buques que esperan llegar al puerto del Golfo de México. Todo el mundo en esta crisis es dueño de la verdad; todos tienen explicaciones extraordinarias y fuentes confiables. Pero en la realidad, esta crisis tiene muchas causas y cabezas, las cuales no voy abordar aquí, porque estoy seguro de que no le va a acomodar a nadie. De lo que no puedo encontrar explicación es de qué demonios queremos como país.

En un ejercicio muy simple les puedo asegurar, habiendo estado en contacto con el mundo de las gasolinerías, que comprar combustible del huachicol puede ser el mejor negocio de la historia  que genera ganancias superiores a los dos millones diarios y una cantidad equivalente para el vendedor. No exagero al decir que el huachicoleo puede llegar a ser, en poco tiempo, un negocio mucho más rentable que el tráfico de drogas. Estamos en el punto exacto en donde paramos este flagelo o nos acostumbramos a que sean los nuevos dueños del país. El proyecto del gobierno de ir en contra del huachicoleo es apenas justo, pero sin duda hubo un gran problema de comunicación y de operación. Fue un gran error, garrafal, la puesta en marcha del plan en contra del robo de combustible, sin el apoyo de la sociedad, sin un adecuado programa para abastecer de forma eficiente a la población. El enojo público es justificado, es una jalada tener que hacer largas filas para cargar gasolina y perder horas esperando llenar el tanque o por lo menos ponerle unos 20 litros. Estoy seguro de que como sociedad estaríamos más que apuntados a apoyar al gobierno, siempre y cuando, hubiéramos sido invitados a sumarnos a la lucha en contra de estos rateros.

Me duele puntualmente que encontramos pueblos enteros que se dedican al robo de gasolina, me duele que tenemos pueblos enteros que persiguen trenes para robarlos y, mientras, nosotros nos persignamos porque existe el robo de combustible.

Aunado a todo lo anterior, lo que me preocupa es que éste, como todo lo que ha pasado desde el primero de diciembre, es un pretexto para enfrentarnos. Es verdaderamente desgastante cómo estamos eligiendo todo lo que se pueda para pelearnos. No creo que este país pueda aguantar tanto enfrentamiento. ¿A dónde queremos llegar? ¿Nos vamos a pasar 6 años mentándonos la madre? ¿Es nuestro ideal? Como ganó un cabrón que no va con nuestra ideología, con nuestra forma de vida o nos caga, ¿vamos a reventar al país? Se los digo claramente, “México no es Venezuela”. No vamos a permitir nunca que este país sea un remedo del feudo de Maduro, ni yo, ni ninguna persona que tenga un centímetro de frente. Por lo cual, creo que ya es suficiente. Creo que debemos de parar, de entender que debemos de apoyar al Presidente, no por su nombre o por Andrés Manuel López Obrador, simplemente porque la suerte de AMLO es la suerte del país. Paremos este enfrentamiento, entendamos que el proyecto es México, que estamos salvando al país y no se trata de encabronarnos unos con otros.

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