La elección poblana y la prudencia
A Miguel Barbosa lo tengo en un buen concepto y en mi aprecio, pero considero, en esta ocasión que, aunque la tentación de alcanzar un sueño largamente acariciado es mucha, debería de ser prudente y no seguir con su intención de ser candidato de Morena al gobierno de ...
A Miguel Barbosa lo tengo en un buen concepto y en mi aprecio, pero considero, en esta ocasión que, aunque la tentación de alcanzar un sueño largamente acariciado es mucha, debería de ser prudente y no seguir con su intención de ser candidato de Morena al gobierno de Puebla.
Me parece que después de la trágica muerte de la gobernadora Martha Erika Alonso, su esposo Rafael Moreno Valle y otras tres personas, la herida en la clase política poblana está abierta y sería imprudente estirar la liga, sobre todo, después de una ríspida campaña y una resolución muy discutible del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.
Por si esto fuera poco, aún no hay claridad al respecto del accidente que provocó la muerte de la primera pareja poblana, de ninguna manera ni implícita ni explícita, que Barbosa tenga algo que ver, pero sin la claridad de la resolución del caso y en el marco de una campaña política intensa, ese argumento puede salir a flote y hacer aún más violenta la próxima contienda.
Independientemente de lo anterior, Barbosa no es el único “suspirante” de Morena, y espero que la dirigencia nacional, encabezada por Yeidckol Polevnsky, lo tenga claro y se puedan privilegiar métodos usados con anterioridad, como una encuesta para elegir candidato con el mismo fin, de que las cosas puedan, en la medida de lo posible, ser tersas.
En este caso, un grupo mayoritario de 55 senadores de Morena han suscrito un documento pidiéndole a la dirigencia nacional y al Comité Nacional de Elecciones que, para elegir candidato al gobierno de Puebla por Morena, se lleve a cabo un proceso transparente y democrático, que incluya al senador Alejandro Armenta. En este documento, no se le cierra la puerta a nadie, se incluye a Barbosa y a Nancy de la Sierra, pero se pide un trato justo.
Desde mi punto de vista, Armenta puede tener muchas posibilidades y, además, sería un actor fresco, serio y con arraigo entre los poblanos que podría abonar a una lucha más equilibrada y desapasionada. Pero usted lector tiene la mejor opinión.
Por otro lado, el 8 de febrero, se suscitó un hecho que ha creado una gran polémica, policías municipales de Hermosillo Sonora, abatieron a tiros a Gerardo Holguín, un hombre que estaba en un estado alterado por drogas o alcohol. El hombre traía un cuchillo, con el cual lesionó a uno de los uniformados, acción que detonó que uno de sus compañeros le disparara con su arma de cargo.
Esto ha creado una polémica importante, principalmente, en las “benditas” redes sociales, en donde una turba de expertos en criminología y criminalística, peritos en balística y doctores en leyes, han externado su muy “fundamentada” opinión, en la cual algunos llegan a condenar al policía por exceso en la legítima defensa.
El Código Penal Federal, en su artículo 15, fracción III, inciso 4, a la letra dice: “El delito se excluye cuando:(....) se repela una agresión real, actual, o inminente, y sin derecho, en protección de bienes jurídicos propios o ajenos siempre que exista la necesidad de la defensa y la racionalidad de los medios y no medie provocación dolosa suficiente e inmediata, por parte del agredido de la persona a quien se defiende”. El artículo es largo y tiene otras cuatro fracciones que serían muy largas de transcribir. Pero en todas puedo situar al agente que disparó su arma en contra del desafortunado Gerardo. La cosa radica en que en ningún otro país del mundo este hecho hubiera sido noticia. En EU, por ejemplo, sería algo que no tendría discusión alguna en la opinión pública, un loco agredió a un policía y lo mataron, punto final.
Para aquellos que creen que no hay igualdad de medios entre un cuchillo y una pistola les quiero recordar que, en agosto del 2000, un loco con un cuchillo cebollero no tuvo más que infringir una sola herida a un policía capitalino, en el cuello, para que éste perdiera la vida antes de que llegaran los servicios de emergencia a auxiliarlo.
El problema en nuestro país es que las policías tienen mala fama y una falta de legitimidad terrible. No los respetamos y como cuestionamos su vocación de servicio e integridad, también, cuestionamos su actuar frente a un peligro real e inminente.
Urge revalorizar el papel de las policías, que la ciudadanía los admire y respete antes de andar pensando en guardar al Ejército.
