De chalecos amarillos y guindas
El alza en las gasolinas llevó a masas de franceses a las calles para manifestarse de forma violenta.
Es imposible entender y escudriñar, de forma racional, en la mirada de odio profundo que tiene un grupo de jóvenes, quienes golpearon y patearon a un ciudadano francés solitario y menudo, quien gracias a su agilidad pudo levantarse del suelo para correr como desesperado hasta que se salió del rango de estos salvajes.
Algunos tenían claros rasgos árabes, otros lucían como afroamericanos, quienes de ninguna manera repararon en que estábamos en la mitad de su demostración de odio masivo. Mientras lo golpeaban ferozmente le gritaban en un francés acentuado en quién sabe qué lengua “si se sentía más que ellos”.
Es imposible dejar de lado cómo en la Gendarmería Nacional se les olvidaban los principios básicos sobre los cuales está fundada la República Francesa, es decir, “Fraternidad, Libertad e Igualdad” y de esta forma, con un lapsus legal, materialmente, desnudaban de forma socarrona a un negro del cual se mofaban, mientras empujaban a los que trataban de grabar la escena.
Todo lo anteriormente narrado se daba sobre una de las calles aledañas a los Campos Elíseos, Saint-Honoré, que en los días de furia se convierte en un infierno donde los policías, alejados de las lentes de los periodistas, olvidan su ejemplar comportamiento ante las hordas de varios desequilibrados.
Los manifestantes, todos, alzan la voz y vandalizan las tiendas de las marcas más representativas que han proliferado gracias al capitalismo y al kirschelitismo.
Quienes protestan cambian de forma radical convirtiéndose en auténticos trogloditas, sedientos de la venganza que no pudieron tener en el campo de batalla, los manifestantes toman los carriles centrales de la avenida que conduce al Arco del Triunfo, uno de los monumentos más hermosos y representativos de París.
Sí, ése en donde un aficionado mexicano apagó a “meadas” la llama del Soldado Desconocido cosa que fue, incluso, tema de un incidente diplomático, pero esta vez ha sido vandalizado por los “chalecos amarillos”, quienes sólo acuden a quejarse a la embajada de la estupidez.
Mientras esto sucede, uno de los empujados por la policía, un tipo flaco que fumaba mariguana metros atrás baila como desesperado, diciéndoles a los uniformados que son ovejas a las órdenes del vituperado presidente Emmanuel Macron.
Es muy triste ver cómo en varios lugares de los Campos Elíseos, incluso en pleno centro, con cualquier herramienta quitaron pavimento, adoquines y trozos de mármol para aventar a las tiendas Louis Vuitton, Dolce Gabbana y Tiffany & Co, mientras en México las señoras fifís (léase la señora de Díaz Ordaz, aunque después ande de tilichera en los Outlet) o niñas fifís como Cuca Díaz que están más vacías que la azotea del estadio de Chivas, se llevaban las manos a los cachetes y desfiguraban su cara como El grito de Munch, o si no les da para saber que es eso, como el emoji que ponen para decirle a su amiga que el marido de la Chuchis tiene una amante mucho más joven y guapa que la Chata Corcuera.
Toda esta crónica la escribo con el gas lacrimógeno en los ojos y el sistema respiratorio, “moqueando” y con los ojos brillosos, no por héroe ni por mártir, sino por reportero metiche. Con los sonidos de las bombas de gas y aturdidoras que semejan un campo de batalla para bajar la moral del enemigo, que ahora es una masa difícil de identificar.
Pero: ¿quiénes son y qué quieren los “chalecos amarillos”? según un artículo de opinión del NYT, es un grupo espontáneo, reacciona a la falta de condiciones para pagar las cuentas que detonó el aumento en los impuestos de la gasolina. Según el tarugo de Trump, son un grupo que reacciona al acuerdo de París y que quieren un Trump en lugar de un Macron, según Marine Le Pen, son nacionalistas de ultraderecha, según yo, son un grupo de gente heterogénea que está hasta la madre de una vida impuesta en donde los satisfactores son repartidos de forma injusta y el trabajo y las limitaciones les toca a ellos.
A todo esto, no entiendo por qué la emprendieron en contra de gente trabajadora. Pequeños locales que sólo vendían comida o algunos artículos comerciales y los vandalizaron, no la emprendieron en contra del capitalismo global trapeado en las tiendas bien resguardadas. Dañaron cajeros que brindan servicio a la gente común, que vive en distintas zonas a las de ellos. Por eso no se puede leer con claridad a este movimiento que parece más bien, una explosión de tedio. Y más preguntas, pero ahora para México: ¿cuánto tiempo tiene el presidente López Obrador para que baje la gasolina? Dijo en el Zócalo que no será inmediatamente, sino en la medida de la inversión que se haga en el sector energético.
¿Y si los factores externos como el precio del petróleo no lo permiten? ¿Tendremos nuestros Chalecos Morenos haciendo desmadre y medio sobre Paseo de la Reforma? ¿Qué tan rápido y qué tan real será el cambio y el beneficio en el bolsillo de las familias mexicanas?, ¿y qué tanta paciencia tiene un pueblo que ha sido presa de los rateros inmorales que nos han gobernado?, por eso me pregunto y le pregunto a usted ¿vendrán tiempos de los Chalecos Guindas en México? ¿Reaccionaremos igual que el pueblo Francés?
