La autonomía de la UNAM
No se puede acabar con la impunidad solapándola. No se puede acabar con la violencia si se piden disculpas cuando se aplica la ley. Creo que los tiempos de ser políticamente correcto se agotaron. El país está de por medio. Me refiero a los dos muertos derivados de ...
No se puede acabar con la impunidad solapándola. No se puede acabar con la violencia si se piden disculpas cuando se aplica la ley. Creo que los tiempos de ser políticamente correcto se agotaron. El país está de por medio. Me refiero a los dos muertos derivados de las peleas por la distribución de droga el 24 de febrero.
Esto ha suscitado una discusión respecto de la autonomía universitaria, al grado de escuchar declaraciones del líder de los trabajadores de la UNAM, Agustín Rodríguez, en el sentido de que los policías no deben de entrar a CU porque los narcos no viven en la UNAM. Que hombre tan preclaro, que prócer tan comprometido con la clase trabajadora. Todo esto no sería importante, si no dependiera de sus sindicatos, los elementos de vigilancia, los que a su vez no sólo toleran a los narcomenudistas, sino a la señora de las quesadillas y al de los “jochos de 3x6”. Los mismos que pusieron en tremendo riesgo a Axel Lara un valiente alumno de derecho que exhibió a los “alumnos o seudo alumnos” que tomaban cerveza y fumaban mariguana a plena vista de los elementos de la heroica vigilancia de la universidad.
La autonomía de la universidad es confundida con soberanía. La UNAM no es un Estado y no se suspende la aplicación y vigencia del Código Penal y de Procedimientos Penales al interior. La autonomía de la universidad está explicada en la Ley Orgánica del 30 de diciembre de 1944. En esta legislación se establecen seis autoridades. Unas ejecutivas, otras técnicas y legislativas. Se establece que es una institución democrática, pues en su gobierno participan profesores y estudiantes. Una institución autónoma y nacional, descentralizada con plena capacidad jurídica, pero no ajena al Estado mexicano, sino simplemente descentralizada del mismo. Esto no lo digo yo, se encuentra en la ley. Para todos aquellos confundidos, desde el lamentable rector de la UNAM, pasando por el gobierno capitalino y terminando en Gobernación, les recomiendo un extenso y magnífico estudio del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la misma casa de estudios, para que puedan comprender que la entrada de agentes armados al campus acompañados de peritos, ministerios públicos y hasta un abogado de la UNAM es un acto legal.
De lo contrario, la UNAM sería la mismísima Dimensión desconocida en donde se entraría a un mundo de impunidad. Pues no tiene órganos de investigación y persecución del delito, tampoco podrían entrar las instancias del Estado. Y sí, la UNAM, en específico el auditorio Justo Sierra, ahora llamado Che Guevara, se ha vuelto el paraíso de la violencia. Lamentables, las declaraciones de Enrique Graue hacen ver que no entiende los límites de la autonomía, por lo que su postura no hace más que incendiar más este problema que se conoce desde hace mucho.
Se pide, por un lado, al procurador Garrido que actúe y, por el otro lado, le ponen en la cara la autonomía mal entendida. Pues para Graue y Rodríguez los problemas internos deben de desaparecer por arte de magia, ya que la autonomía convierte a la UNAM en otro país en donde la ley son los vigilantes, así como también el sindicato que los solapa y, lo peor, hay un personaje que cuenta con antecedentes penales, quien es un vándalo que miente ante la autoridad y se dicen estudiante de historia de filosofía y letras. Lo anterior nos pinta de cuerpo entero como país kafkiano, el falso declarante no tiene problemas con la ley, es un mártir y el agente de la PGJDF que lo detuvo ha sido consignado por abuso de autoridad y lesiones. ¡El mundo al revés!
Un informe de inteligencia publicado por un medio de circulación nacional ha revelado que al interior del Che Guevara se oculta una buena parte de los anarquistas que rompen las protestas pacíficas, que también adentró se preparan todo tipo de elementos que sirven para agredir: como petardos y bombas molotov. El rector, guardián impoluto de la autonomía de la UNAM, no puede ni pasar por la puerta de este auditorio, pues sabe lo que sucede en su interior. ¿Para eso quiere la autonomía? ¿Para solapar a un grupo de delincuentes que se escuda en una dudosa calidad de estudiantes?
Para acabar de dejar claro mi punto, le pregunto al lector: ¿si un asesino o ladrón es perseguido por la policía sobre Insurgentes Sur, puede entrar a la UNAM y en ese momento cesa la persecución? La respuesta es obvia y clara: ¡No! La autoridad está obligada a perseguir al delincuente y aplicar la ley.
Si piensan acabar con la impunidad y la violencia y regresarle a los mexicanos la tranquilidad que se ha perdido, si quieren las autoridades devolverle al ciudadano la confianza en ellas, deben de empezar por aplicar la ley y no estar pidiendo disculpas por cumplirla y nadie debe reclamar para su institución un estado de excepción.
