Una nueva Constitución

Nuestra Carta Magna ha dejado de representar las inquietudes y de ser la radiografía de nuestro país. Se ha convertido en un Frankenstein, con adiciones y reformas que la alejan mucho de lo que fue originalmente

Instalados en la porquería electoral, los ataques a los candidatos están a la orden del día. Siguen ausentes la propuestas serias, aquellas que pueden transformar al país. En tanto, jugando un papel importante están las redes sociales, que destilan tufos de odio.

Mientras esto sucede, mientras los candidatos posicionan su pila de porquería y prenden el ventilador, el escándalo de moda tiene que ver con el joven Marco Antonio, de 17 años y que al día de hoy no sabemos qué demonios pasó con él. Que desapareció cinco días, que los policías de la CDMX no respetaron el protocolo, que si lo golpearon, que si apareció un video en el que toca el timbre sin estar herido y se veía drogado.

Lo lamentable es que, aun antes de tener resultados en la investigación del caso, ya las redes se incendiaron con comentarios del asunto, van y vienen acusaciones, expresiones de odio y de desconocimiento.

Yo lo único que espero es que esto no se vaya a convertir en la tónica de los próximos seis meses. Necesitamos la construcción de democracia a partir de las ideas, de las propuestas y de la construcción, o mejor dicho, la reconstrucción del país.

Estamos de verdad mochos de liderazgos. Qué falta hace una figura importante que pueda de verdad convencer y arrastrar. Porque el añorado cambio no se va a dar solo.

Estoy convencido de que ese cambio debe darse en el marco de la ley. Pero qué tan vigente es la ley de leyes, nuestra Constitución.

Según Ferdinand Lassalle, una constitución es, en sí misma, la suma de los factores reales de poder. Es decir, los empresarios, las Fuerzas Armadas, los trabajadores, la Iglesia y todos aquellos que pueden tener alguna injerencia en el destino del país.

En este sentido, me parece que nuestra Carta Magna ha dejado de representar las inquietudes y de ser la radiografía de nuestro país. Se ha convertido en un Frankenstein, con adiciones y reformas que la alejan mucho de lo que fue originalmente, y más de lo que hoy somos como país. Me parece urgente que se haga una gran reflexión nacional para poder dotar a este país de una nueva Constitución que refleje fielmente qué país somos hoy y qué país queremos construir.

Creo que, además, podría colaborar el sentarnos y dialogar para descubrir qué somos y a dónde vamos. Nos hace falta un ejercicio interesante de coordinar y de pensarnos en el futuro. Sin tapujos, sin hipocresía y, sobre todo, alejado de intereses mezquinos. Necesitamos repensar a este México, lejos del apetito de los políticos que le dan en la madre a todo.

Creo que el mejor regalo que podemos darle a la Constitución en su aniversario es una jubilación, que pase por repensar a nuestro México.

Por otro lado, aplaudo la diligencia de Alfonso Navarrete Prida, el secretario de Gobernación, quien ha podido atajar de una vez por todas la crisis desatada por el protagonismo y el afán del gobernador de Chihuahua, Javier Corral.

Se puso de frente a la opinión pública en un diálogo franco, abierto y respetuoso, y de esa forma concretó compromisos entre el gobierno federal y el de Chihuahua.

De esta forma pudo acotar los pretextos de Corral, que venía en una espiral de escudarse en la Federación para esconder su propia incapacidad, lo que los chihuahuenses ya están acusando.

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