Racismo mexicano al estilo Trump
Después de quejarnos amargamente del racismo de Trump y su base de votantes, me parece que deberíamos de ser más analíticos. Esta semana mi compañeroCarlos Jiménez en su cuenta de Twitter publicó el caso de un presunto salvadoreño, digo presunto porque en ningún ...
Después de quejarnos amargamente del racismo de Trump y su base de votantes, me parece que deberíamos de ser más analíticos. Esta semana mi compañero
Carlos Jiménez en su cuenta de Twitter publicó el caso de un presunto salvadoreño, digo presunto porque en ningún lugar se aclara la nacionalidad del individuo en cuestión, que es detenido por agentes de la policía de la CDMX. Después de eso, se desató un auténtico torbellino de descalificaciones e insultos en contra del presunto responsable, que iban desde que lo mataran, pasando por los peores castigoshasta pidiendo que no se dejara entrar a ningún salvadoreño nunca más a nuestro país.
Lo mismo ha ocurrido cuando se ha detenido a colombianos que están delinquiendo en México. Entiendo bien la irritación, pero poner a todos los nacionales de un país en la misma bolsa por el comportamiento de algunos de sus paisanos, es un acto irracional. De hecho nos revela como una sociedad racista. Digo lo anterior porque el número de mensajes al respecto se cuentan en cientos.
Con qué autoridad moral nos ofendemos, entonces, porque Mr. Trump quiera construir un muro para evitar que mexicanos y centroamericanos lleguen a su territorio. Cómo podemos ponernos la mano en la frente cual Libertad
Lamarque para recriminarle al @POTUS (Trump) que diga que los mexicanos somos narcos y violadores, si hacemos exactamente lo mismo.
Es cuestión de rascarle un poquito y nos sale una vena discriminatoria, del mismo origen que el estadunidense, basados en el desconocimiento y la irracionalidad. Pero esto es la punta del iceberg. En este país por más que lo neguemos se discrimina a todo aquel que tiene rasgos indígenas, que tiene un color de piel oscuro. Paradojas de la vida, se discrimina a los habitantes originarios en su propia tierra.
Se discrimina su lenguaje, sus costumbres y su cultura. Son reducidos a la servidumbre en todas sus acepciones. Un ejemplo de ello son las llamadas muchachas, empleadas domésticas, quienes son sometidas a una serie de abusos y a un régimen de semiesclavitud. Y todo lo anterior son valores entendidos en una sociedad hipócrita que discrimina, quizá de una forma más brutal que los gringos y su Presidente.
El señor Trump y sus ocurrentes tuits, que he llamado trompadas, no nos dan tregua. Pero nuestra sociedad hipócrita que le recrimina a Trump su animadversión por los mexicanos, hace lo mismo con los extranjeros feos y con sus propios indígenas, lo que es más, hay también un marcado desdén por aquellos que tienen menos posibilidades económicas. Me pregunto qué pasaría con nuestro electorado, si alguno de las candidatas o candidatos a la Presidencia (en este momento precandidatos, aunque sea un chiste), propusiera cerrar las fronteras a aquellas nacionalidades que nos molestan, porque hayan cometido crímenes en contra de los nacionales o porque están feos, tatuados o no nos gusta su procedencia. Por que eso sí, parece que en este país no existen los espejos, para que podamos observar nuestras propias deformaciones. Creo que obtendría la desaprobación casi generalizada de los medios de comunicación y de la sociedad. Pero le tengo noticias, estoy seguro, de que ese pequeño Trump que todos tenemos viviendo en nuestro cerebro, haría que votáramos por ese candidato en una importante proporción.
En otro orden de ideas, no deja de sorprenderme la salida de Gaby Cuevas del PAN. Militante desde los 15 años. No puedo juzgar lo que sucede al interior. Me queda claro, que no son todos los militantes los inconformes, pero sumada a la salida de Margarita Zavala, las cosas no andan bien, por más que se apresuren en mandar un comunicado, en donde denuncian que la salida de la senadora es por ambiciosa y que no se le cumplió su petición de una diputación plurinominal.
Haíga sido como haíga sido, dirían los clásicos, las cosas no pintan bien. Escribe Roberto Gil Zuarth, que se conoce su enfrentamiento con la actual dirigencia, en su cuenta de Twitter, que lamenta su salida, pero la entiende, pues el PAN que ella conoció ya no existe. Momento de pensar las cosas don Damián y don Ricardo, no les vaya a explotar en las manos el asunto.
