Senadores huevócratas

Mientras escribo estas líneas nuestros preocupados legisladores están disfrutando de un “merecido” descanso. Después de que en la Cámara de Senadores demostraron su propensión a la grilla más estéril y se dividieron entre los que querían votar de forma ...

Mientras escribo estas líneas nuestros preocupados legisladores están disfrutando de un “merecido” descanso. Después de que en la Cámara de Senadores demostraron su propensión a la grilla más estéril y se dividieron entre los que querían votar de forma abierta y los que querían votar por cédula. Nunca la discusión se centró en el peligro que entrañaban las filtraciones de Santiago Nieto al debido proceso. De hecho fuimos testigos la semana pasada, de un claro ejemplo de cómo se puede vulnerar el debido proceso cuando un acusado es marcado por alguien tan poderoso como el Presidente de EU, de animal, de enfermo y de merecer la pena de muerte. Debido a su diarrea lingüística el señor Trump pudo haber dotado al terrorista de Uzbekistán de una defensa efectiva que no sólo le evite una pena severa, sino que lo puede dejar libre, pues no hay un jurado en todo su territorio que pueda ser imparcial juzgando al presunto terrorista. Claro que toda esta narrativa es ajena a nuestros senadores, pues ellos no se pueden poner de acuerdo para nombrar fiscal anticorrupción ni fiscal de la Fepade y mucho menos enderezar el desmadre que organizaron con su ocurrencia del #fiscalcarnal ni para sacar adelante leyes urgentes, pero la unanimidad llegó para una cosa: la disipación. En este punto no hubo acaloradas discusiones, no fueron legisladores a los medios a hacer la faramalla de pelearse, encontraron ese preciado paraíso, la unanimidad. Hay que entenderlos y no juzgarlos. El peso que llevan sobre hombros es increíble. Las largas jornadas de desvelos, de estar pegados a su escaño jugando con el iPad y levantar el dedo cuando así se los indique su amo, es un trabajo agotador. No importa que les queden no más de 12 sesiones para terminar el año, necesitan despejar la mente después de dar a luz tantas ideas que han salvado a la patria. Héroes legislativos. Mártires del pleno. ¡Carajo! Supermujeres y hombres parapetados en un traje o un vestido. Ciudadanos injustos e incomprensivos, eso somos.

En este mismo espacio le he planteado mi teoría de que en este país el régimen político que priva no es la democracia ni nada que se le acerque. En México hemos dado a luz a la peorcracia, el régimen de ser gobernado por los peores y con los peores motivos. Una partida de mediocres que nunca hubiesen alcanzado el éxito económico ni social en la vida empresarial o académica. Que quieren el poder para que éste los lleve a un nivel económico que, saben su capacidad y su intelecto jamás les hubiera otorgado. En este caso escalan posiciones y tienen puestos gracias a su complicidad en actos que han menoscabado el patrimonio de México, siendo auténticos gatos y serviles empleados de otros mediocres de mayor alcance y que están en posiciones más altas. Han aguantado vejaciones y malos tratos, han hecho lo impresentable con tal de subir. Esos son nuestros gobernantes. Hoy claramente tenemos un complemento a la peorcracia, una derivación de la misma: la huevocracia. Entendida ésta como el arte de gobernar con el menor esfuerzo, trabajando lo indispensable y ejerciendo la mayor cantidad de recursos. Nuestros legisladores son el ejemplo vivo.

Seguimos en un país de virreyzuelos, en donde tipos fatuos, usan escoltas faraónicas siendo presidentes municipales. Que son tan desquehacerados, que su día lo pasan como viudas adineradas de Polanco, entre revisar las fotos de Instagram de otros, criticar a los de enfrente y organizar espectáculos pírricos para crear una sensación de bienestar efímera a los gobernados. Lejos de interesarse por los problemas reales de la gente, están en la maquiavélica planeación de su futuro político.

Me vuelvo a preguntar cuándo alguien que tenga un amor real por este país va a poder llegar a impulsar un cambio real. Me toca todos los días ver la cara de hombres, mujeres y niños que se aferran con uñas y dientes a su esperanza y a sus sueños. Me encantó conocer la semana pasada a un chapito que se llama Iker, y que está lleno de vida, de sueños y además tiene un talento inenarrable. Me entrevistó para su canal de YouTube y me decía que quiere ser veterinario, para cuidar a los perritos, que como a su schnauzer, ama profundamente.

Me pregunto si seremos capaces como país y sociedad de elegir a quienes puedan garantizarle a mi amigo Iker, que podrá estudiar, que podrá caminar sin miedo para llegar a la universidad, que cuidará de la seguridad de sus papás, que propiciará condiciones para que su papá, cerrajero de oficio, pueda seguir trabajando y obteniendo ingresos para impulsar a su hijo.

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