¡Gracias y perdón!

No me queda duda de que los mexicanos no somos de este planeta. Quizá, siempre tenemos un pretexto para no hacer las cosas. Somos desmemoriados, pero tenemos muy claro ese puente entre 1985 y 2017. Recién ocurrida la tragedia, muchos decían que había que borrar el 19 de ...

No me queda duda de que los mexicanos no somos de este planeta. Quizá, siempre tenemos un pretexto para no hacer las cosas. Somos desmemoriados, pero tenemos muy claro ese puente entre 1985 y 2017. Recién ocurrida la tragedia, muchos decían que había que borrar el 19 de septiembre del calendario, yo creo debería de ser el día más importante en el año para este país. Lejos de los estériles gritos y arengas a los héroes de la independencia, creo que la verdadera esencia de este país la encontramos en un 19 de septiembre. Los vivas a los héroes que nos dieron “patria y libertad” se deben de sustituir por las escenas estrujantes de hombres y mujeres arriesgando todo por encontrar un soplo de vida.

Las tragedias sacan lo bueno, lo más bajo de un país. Hemos encontrado dentro de la tragedia una sociedad civil que como es costumbre sobrepasa al gobierno, en organización y hasta en recursos. Hemos encontrado integrantes del gobierno que aprovechando su puesto han hecho cosas invaluables por salvar vidas. Hemos visto en soldados, marinos y policías, hermanos que se han partido el alma por ayudar. Por el otro lado, hemos visto gente sin idea, prepotentes y protagonistas, que sienten que ayudar es gritar y dar órdenes sin sentido. Otros sin atisbo de progenitora que han robado o abusado de la tragedia a éstos, no merecen ocupar más líneas porque hoy más que nunca este México, nuestro México extraterrestre, del corazón más grande que hay en el universo, merece que se hable de sus extraordinarios habitantes.

En estas líneas sólo quiero agradecer a todos esos mexicanos que me han hecho sentir orgulloso de este país. Gracias a los rescatistas entrenados y habilitados en las ganas y el valor, gracias a los miembros de las Fuerzas Armadas, de la policía, de las corporaciones de auxilio y  a la Cruz Roja. Gracias a los miles que tomando no lo que les sobra, llevaron comida al lugar de la tragedia. Gracias a los miles de voluntarios que trabajan horas y horas sin exhibir cansancio picando los escombros para que en ese lugar puedan poner más y continuar la esperanza de vida de entre las piedras. Gracias a esos carismáticos perros y sus manejadores que se ganaron nuestro corazón y permitieron surgir de entre los escombros a muchos. Gracias a Israel, Japón, EU, España, Honduras, Panamá, Colombia, Ecuador, El Salvador, Venezuela y Chile por sus brigadas.

Gracias a los que sólo podían donar dinero, pero que lo hicieron con la mejor de las voluntades. Gracias a los empresarios que multiplicaron las donaciones. Gracias a aquellos que utilizaron las redes sociales de forma responsable y como un eficaz medio de ayuda. Un asco aquellos que crearon falsos rumores en las mismas para desprestigiar al rival político. Gracias a mis compañeros que desde el lugar de la tragedia reportaron responsablemente para que la gente dimensionara el tamaño de esta tragedia y saliera a las calles y se solidarizara con los que necesitan ayuda. Gracias a todos los que pusieron un centro de acopio, a las chavas y chavos que un día sacaban escombros y el otro cargaban comida. Me hizo sentirme orgulloso hasta las lágrimas ver a mi hija Paola extenuada cargando escombros y llevando comida y provisiones a Jojutla. Sin duda, un temblor le dio más lecciones que toda su familia y vida escolar, y no lo digo por ella solamente, es por toda su generación.

Me queda claro que lo bueno de esto, es que una nueva generación ha sentido lo que es tener el control. Una generación que nuestros vicios había sumido en la desesperanza hoy saben bien que con trabajo y solidaridad pueden ayudar a reconstruir este México. Se dieron cuenta que restablecer el tejido social es un asunto de trabajo, amor  y preocupación real por el otro. Estoy seguro de que hoy tenemos esperanza.

Disculpas, a nombre mío y de los que no hicimos nuestro trabajo responsablemente y seguimos una historia que sólo contribuyó al desánimo y a la desconfianza. Mi torpeza y la de algunos medios no debe de ser excusa para maniobras maquiavélicas en beneficio de los números de audiencia. No nos disculpa el desconocimiento, pero tampoco hace menos pillos a los que lo fraguaron. Ofrezco por eso mis sentidas disculpas.

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