Juchitán está de pie, sobre las ruinas
Es inevitable escribir sobre la tragedia que se cierne sobre nuestro país. Un terremoto de 8.2 grados en la escala de Richter sacudió el territorio nacional ensañándose, particularmente, con Chiapas y Oaxaca. Al momento de escribir estas líneas el saldo de muertos ...
Es inevitable escribir sobre la tragedia que se cierne sobre nuestro país. Un terremoto de 8.2 grados en la escala de Richter sacudió el territorio nacional ensañándose, particularmente, con Chiapas y Oaxaca. Al momento de escribir estas líneas el saldo de muertos supera los 90. En las redes sociales circulan muchas versiones, de lugares a los cuales la ayuda no ha llegado. Difícil confiar en estos tiempos en las redes sociales, sobre todo, por el maldito tiempo electoral, que nos convierte en animales políticos, en donde las lágrimas, la sangre y los muertos no importan, es trascendente dejar mal parado al enemigo, aunque esto signifique una mezquindad asquerosa.
Las imágenes de Juchitán, en donde el señor Ángel, rescata de entre los escombros una bandera mexicana y previo a fijarla a un palo la pone en lo alto de los restos del palacio municipal, pese a lo que digan los detractores de México, me parecen conmovedoras. Si estas imágenes hubieran sido de Francia o Barcelona después de un atentado, de Houston o Miami después del huracán, las redes sociales nacionales las hubieran retuiteado con gloria, pero como se trata de Juchitán, Oaxaca, entonces no le encuentran tanta gracia. Seguro el indígena responsable de la imagen le va a pedir algo al gobierno, el viejo no podía ayudar a la gente en lugar de estar poniendo banderas. Éste y otros comentarios faltos de inteligencia me he encontrado. La buena noticia, es que hasta en Juchitán, un pueblo devastado y desparecido por el sismo, cuyo nombre en zapoteco significa Lugar de las Flores, con no más de 80 mil habitantes, hay el orgullo de ser mexicano, el reconocimiento de una nación y de una bandera y fue importante para un juchiteco rescatar la tricolor y ponerla en pie, aunque fuera en una pila de escombros. No me queda duda que si Andrés Henestrosa estuviera vivo, sería el acto inspiración para algún son itsmeño.
A mí en lo particular la imagen me parece hermosa y conmovedora, me parece inigualable, un tributo a la entereza de los oaxaqueños y a los mexicanos. Sin justificar nada, sin decir que este gobierno no es corrupto, creo que en otras circunstancias la tragedia hubiera sido inconmensurable. Creo que como resultado de la suma de esfuerzos y madurez de la cultura de protección civil, cosechamos muchos menos muertos de los que podíamos esperar. Hubo una respuesta adecuada de las instancias gubernamentales e información suficiente. Mención aparte merece el gobernador de Oaxaca, Alejandro Murat, quien no ha parado de ir de un lado al otro del lugar de la tragedia, que en su juventud ha mostrado sensibilidad, ojalá que sí sea una muestra del nuevo PRI, del que no roba y se preocupa por la gente y no por su bolsillo. Hasta el momento se le ha visto cerca muy cerca de las lagrimas y de las piedras me enorgullece que en su juventud demuestre que hay otro país y no sólo el de las raterías.
No puede menospreciar el papel de la suerte, el que influyó en que el epicentro fuera en Chiapas y a gran profundidad. En otras circunstancias la consecuencia hubiera sido tremenda. Desde aquí sólo puedo mandar un abrazo solidario y cariñoso a nuestros hermanos oaxaqueños y chiapanecos que han puesto los muertos. Conminarlo a que la solidaridad que nació en 1985 no sea olvidada, sino multiplicada, que se demuestre que somos un pueblo rifado.
Para todos aquellos idiotas que no creen en el cambio climático sólo recordarles que la naturaleza no necesita ningún botón nuclear para arrasarnos. Bien dice el gran Sabines, paradójicamente chiapaneco, coterráneo del epicentro: “Me encanta Dios. Es un viejo magnífico que no toma en serio. A él le gusta jugar y juega, y a veces se le pasa la mano y nos rompe una pierna o nos aplasta definitivamente. Pero esto sucede por que es un poco cegatón y bastante torpe con las manos... dicen que a veces se enfurece y hace terremotos, y manda tormentas, caudales de fuego, vientos desatados, aguas alevosas, castigos y desastres. Pero eso es mentira. Es la tierra que cambia —y se agita y crece— cuando Dios se aleja”. Cuanta verdad y sapiencia en las palabras de un poeta. Una mentada auténtica a todos aquellos que en estos desastres debaten teorías.
EN EL ESTRIBO.- Relacionado con mi anterior colaboración se comunicó conmigo el senador Luis Miguel Barbosa. Me aclaró que lo publicado en la anterior columna en relación con la gestión de recursos que se le atribuyen a diferentes municipios poblanos es totalmente cierto. Pero niega, enfáticamente, que se haya pedido moche alguno. De hecho, los alcaldes involucrados han declarado que Barbosa nunca les ha pedido ni moche ni apoyo. Me aclara que no son los únicos recursos gestionados y que al tiempo se sabrá a quién y cuánto dinero pudo conseguir para su propio lucimiento.
