Al sicario con ternura
Debemos respetar y proteger a nuestros soldados y marinos, de no hacerlo seremos unos ingratos.
La historia del narcotráfico y las muertes ligadas al mismo son viejas. Casualmente, tanto en Culiacán como en Ciudad Juárez fueron mujeres las primeras “capos” del narco, quienes con absoluta rudeza mataron a sus competidores, en su mayoría chinos, éstos fueron los que iniciaron la siembra y procesamiento del opio. Se dieron cuenta de que esta droga aumentaba el consumo de alcohol y de los clientes en casas de citas, que eran sus principales puntos de distribución. En el caso de Juárez, La Nacha, Ignacia Jasso, mataba por el año 1931 a diez chinos, quienes, también, eran distribuidores de droga, aunado a la muerte de su esposo Pablo González, El Pablote, Ignacia se quedaba sola a cargo de la plaza imponiendo su ley a fuerza de muerte y sangre.
El día de hoy estamos sumidos en una espiral de violencia interminable. En la que, además, estamos cuestionando el trabajo de las Fuerzas Armadas. El primer comentario que se debe hacer es reconocer que las Fuerzas Armadas fueron entrenadas para matar, no para ejercer una labor de seguridad pública. La realidad aventó, prácticamente hablando, al Ejército y a la Armada a las calles. La cada vez más cruenta guerra entre cárteles y el ataque cruel del crimen organizado obligaron a tomar esa decisión. No podemos dejar de lado que, evidentemente, las Fuerzas Armadas han violado derechos humanos, se han presentado crímenes intolerables, pero, también, quien no reconozca que este país estaría en llamas sin los soldados y los marinos en la calle miente de forma cínica.
El criticado operativo de Nayarit, en donde se usó un helicóptero artillado, simplemente fue una respuesta a la agresividad y al armamento que ocupan los narcos. No entiendo por qué los narcos sí pueden utilizar el fusil Barret calibre 50 y nuestras Fuerzas Armadas deben aventar piedras. En dónde perdimos la noción de la realidad. En qué momento nuestros marinos y soldados son carne de cañón para ser sacrificados y los narcotraficantes deben ser atacados con “tersura”. Increíble la declaración del presidente de la CNDH, Luis Raúl González Pérez, en la cuales acusa a las Fuerzas Armadas de violar derechos humanos y exige el regreso de éstas a los cuarteles. Como se diría coloquialmente: ¿le cae? ¿Qué hacemos?, nuestras policías son corruptas y mal preparadas. Reitero que esta columna no pretende discutir crímenes y violaciones del Ejército y Marina, pero sí es un llamado de atención a que no se le falte al respeto a la Sedena y la Semar, así como a los miles de muertos en esta guerra. Sin ellos estaríamos fritos. Así que siendo ellos la última trinchera, hay que protegerlos, sino lo hacemos, además de ingratos, estaremos solos.
EN EL ESTRIBO.- Por otro lado, qué tragedia vive Veracruz, primero, estar llena de políticos corruptos como Javier Duarte y, ahora, de políticos hipócritas. Me refiero al gobernador de la entidad, Miguel Ángel Yunes, quien ahora es un paladín de la honradez, cuando todos recordamos cómo servía a los intereses de la maestra Elba Esther Gordillo. El caso empieza por un proveedor de servicios y equipamiento de salud, de nombre Alejandro Cossío. De forma increíble, pero con calidad y precios, pudo ganar licitaciones en el gobierno del ratero prófugo. Lo mismo logró a nivel nacional. El pasado 22 de febrero, el actual secretario de Salud está planeando asignar contratos directos por cientos de millones de pesos a empresas ligadas al nuevo gobierno. Una de las empresas de Cossío, que tiene más de 60 empleados entre médicos y enfermeras, Grupo NRA, está en riesgo de perder el contrato con el gobierno local y eso que les adeudan más de 50 millones de pesos. Lo único que pretende este empresario es que se le paguen los adeudos y que si van a quitar contratos, que los que vengan sean licitados de forma honesta y transparente. Ofrece, de igual forma, un ahorro al gobierno del estado de más de 400 millones de pesos. Es la oportunidad del gobernador de demostrar si es diferente, o los veracruzanos tendrán pan con lo mismo.
