México dividido

Lamento, en principio, que hagamos marchas en contra de personas y no en favor de México. Lamento que hemos convertido Twitter en ese gran escusado en donde arrojamos lo que nos molesta. Ayer demostramos que nos merecemos que un imbécil como Trump sea el Presidente ...

Lamento, en principio, que hagamos marchas en contra de personas y no en favor de México. Lamento que hemos convertido Twitter en ese gran escusado en donde arrojamos lo que nos molesta. Ayer demostramos que nos merecemos que un imbécil como Trump sea el Presidente vecino, que nos insulte y nos maltrate, porque ni en los peores momentos podemos asumirnos como una nación. Estoy cansado de personajes que por más que quieran, firmen contratos con la derecha e izquierda y escriban tuits incendiarios. Estoy cansado de valientes que enfrentan a Isabel Miranda de Wallace preguntándole por las historias de espionaje a activistas destapadas por el NYT, sin aclarar que ese espionaje es referido a la guerra de las bebidas azucaradas. Que uno de esos espiados, conducta reprobable y criminal, es Alejandro Calvillo, quien fue presidente de Greenpeace México y de la misma forma que luchaba por la fauna, ahora lucha por las rechonchas víctimas de las refresqueras, creo que usted querido lector, advertirá que la diversidad y separación de sus luchas lo convierten en un profesional del activismo. De la señora Wallace conozco las versiones sobre la muerte de su hijo. Creo que la señora ha hecho conciencia sobre el desastre de seguridad en este país. No la veo como porrista del Presidente. La marcha que convocó tiene que ver con México, que está amenazado por un loco, tal amenaza es peor que la corrupción de nuestros gobernantes. Insultar a la señora y decir que es vocera del Presidente es minimizar un movimiento ciudadano. Ofender no repercutirá en la caída del Presidente.  No imagino una posición más débil del país en caso de que el mandatario renunciara.

Lo que hubiera sido una jornada en favor de México, resultó ser uno de los peores momentos que recuerdo. En lugar de entender que enfrentamos una amenaza llamada Trump, convertimos esta jornada en insultos.

No defiendo a Peña, he sido crítico de las casas de colores y de algunos de sus exabruptos. Pero no me explico cómo un grupo con interés político quiere tratar de minimizar una amenaza que ha costado mucho dinero para el país.  Ayer la mezquindad de algunos que no entendieron que nadie defiende a un personaje, sino a una institución, que constitucionalmente tiene la responsabilidad de contestarle al vecino me devolvió a la realidad, al por qué a México se lo está cargando el carajo. Nunca hemos pensado en el país, sólo en intereses propios. No defiendo ni disculpo la corrupción, pero divididos no tenemos futuro.

Ente este marasmo de desánimo, hay una luz de esperanza. Encuentro una sentencia de un Tribunal Colegiado en materia penal que no sólo es valiente, es cómo deben de ser las resoluciones del Poder Judicial, una cátedra de civismo y una denuncia en sí misma de la porquería que se puede hacer en este país por intereses políticos y económicos.

El magistrado Ricardo Paredes como ponente de un amparo promovido por Juan Manuel Rubalcava, que se resolvió en el Séptimo Tribunal Colegiado en materia Penal del Primer Circuito, lo menos que le dice al patán, que separó a una madre de su hija, es que la diferencia de edad, de educación en materia profesional y económica es un abuso que raya en la misoginia.

Este caso, el de Fernanda Fosado y su hija, Valentina Rubalcava, lo he tocado muchas veces. La resolución está plasmada en la revisión penal 270/2016, que versa sobre el no ejercicio de la acción penal que la PGJCDMX emitió sobre la denuncia penal que tuvo como consecuencia la separación de una menor de su madre. Hoy, no hay impedimento para que pudieran estar juntas. El último eslabón jurídico se encuentra en la SCJN, que preside Luis María Aguilar. Una atracción ejercida por el más alto tribunal, sobre un amparo interpuesto por Rubalcava, ante la decisión de la juez de la CDMX, de regresar la custodia a la madre y que en su infinito odio impugnó el papá de Valentina. Por cierto, juez a la que denunció penalmente por ser justa, como lo demuestra la sentencia del Colegiado.

Sería de mucha utilidad que la sentencia la leyera el ministro ponente del asunto, Alfredo Gutiérrez Ortiz Mena, quien es el ponente y tiene casi un año con este proyecto en el escritorio y no lo ha podido listar para su resolución. Quizá, para quien fue presidente de la primera sala de la SCJN, no es algo preponderante, pero para la vida truncada de una pequeña que ha manifestado a los sicólogos del centro de convivencia que quiere vivir con su mamá, es cambiarle la vida. Creo que don Alfredo no entiende la alta responsabilidad que conlleva su encargo o quizá la oficina le quedó grande y no encuentra los asuntos prioritarios en donde debe de proteger al “interés superior de un infante”. ¿Será? 

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