Tuittorrea incontrolable
Decía Alejandro Dumas que: “Para toda clase de males hay dos remedios, el tiempo y el silencio”. Sus palabras son incontrovertibles. Pero hay males que encierran grandes bendiciones. Sin duda, debemos de elevar a Trump a los altares de los héroes de la patria, ha ...
Decía Alejandro Dumas que: “Para toda clase de males hay dos remedios, el tiempo y el silencio”. Sus palabras son incontrovertibles. Pero hay males que encierran grandes bendiciones. Sin duda, debemos de elevar a Trump a los altares de los héroes de la patria, ha logrado lo que pocos, o lo que ninguno en los tiempos modernos: unificar a todo un país. Como nunca, he escuchado voces de unión y solidaridad. Andrés Manuel López Obrador, sentado en la sensatez y el apoyo, panistas que reclaman falta de oportunidad en estos tiempos, pero que se colocan en las trincheras, hasta Barbosa por el PRD ha dicho cosas con sentido y oportunidad, qué decir de los priistas que obligatoriamente respaldan al Presidente de la República, no por su nombre, sino porque es el representante de la dignidad de los mexicanos.
El Presidente más poderoso del mundo se ha llenado de ocurrencias, de lugares comunes y está devaluando la figura de The President of the United States, cargo lleno de misticismo, sí, lo ha bajado al nivel de borracho de cantina.
La cancelación del encuentro por parte de Peña Nieto fue prudente y educada, las baladronadas del payaso del copete fueron bravatas encendidas. El mejor negociador del mundo, el más “increíble”, generador de empleos en la historia de EU tiene un grave defecto, no sabe qué contestar cuando el de enfrente le dice simplemente: ¡no!
Es paradójico volver a leer 1984, de George Orwell. Esta obra es conocida como la inspiración del Gran Hermano, que a la postre se convirtió en un reality show, en el que cámaras grababan en vivo y 24 horas lo que hace un grupo de habitantes de una casa. Pero esta obra, pese a ser escrita en 1948, tiene un enunciado mucho más profundo. El peligro de las dictaduras, del totalitarismo y de la supresión de las libertades de prensa y expresión. Por eso, surge el gran hermano, el que observa en cada casa y escucha a todo aquel que pueda disentir del gobierno totalitario. Lo que es más, en ese país ficticio que se llama Oceanía, el gobierno crea un Ministerio de la Verdad, encargado de determinar lo que es una realidad, de hechos alternativos. Esto lo escribo en franca referencia a las declaraciones de Kellyanne Conway, quien dijo que los datos de Spicer vocero de la Casa Blanca, sobre la asistencia de personas a la toma de posesión del canijo werito son “hechos alternativos”. Esto quiere decir que el gobierno de Trump, por medio de su vocero, decidirá lo que es cierto o mentira.
En este país de ficción, creado por Orwell hay un enemigo puntual, Goldstein, quien lucha por las libertades de expresión y de libre pensamiento. Hoy dos de los diarios más prestigiosos del mundo toman ese papel. The Washington Post y The New York Times. Lo menos que les ha dicho Trump es que son deshonestos. Alguien debería de recordarle al payaso que una investigación de Bernstein y Woodward resultó en la renuncia de Richard Nixon. Quizá, no recuerda bien o en su infinita ignorancia ni lo sabe.
Por otro lado, algún aliado del mundo debería hacerle un favor a la civilización y robarle a Trump ese celular que se ha vuelto el azote de las bolsas del mundo, del peso mexicano y de los ciudadanos que le caen gordos o los que considera un peligro. Su tuittorrea incontrolable, de forma inexplicable se ha vuelto un peligro para el mundo. Algunos dicen que es un sociópata, a mí me parece que es uno de esos idiotas que han vuelto el racismo, la discriminación y el odio una válvula de escape, sí, ideologías peligrosas y responsables de las peores atrocidades. Hay quien apuesta porque Trump no termina su mandato, yo pienso que nos está brindado una oportunidad histórica de renacer, de pactar entre los factores reales del poder y de cohesionarnos. Ahora sí es el tiempo de la soberanía.
EN EL ESTRIBO.- En Banobras se puede estar cocinando un fraude. Se va el jefe y deja a algunos subordinados que ni atan ni desatan. O quieren cobrar por cumplir con su obligación. Estos funcionarios menores, mientras llega el nuevo director general, tratan de hacer negocios. Resulta que han estado jineteando cheques expedidos desde noviembre y diciembre del año pasado, pidiendo una participación para entregarlos. Lo que podría constituir la comisión de un delito.
