La cruda de la elección

Una vez pasada la elección del 5 de junio y en plena cruda electoral, las reflexiones son inagotables y los mensajes muchos. Creo que este ejercicio electoral dista mucho de ser un antecedente de lo que pueda pasar en 2018. Las razones son muy claras y pasan por el ...

Francisco Zea

Francisco Zea

Línea estratégica

Una vez pasada la elección del 5 de junio y en plena cruda electoral, las reflexiones son inagotables y los mensajes muchos. Creo que este ejercicio electoral dista mucho de ser un antecedente de lo que pueda pasar en 2018. Las razones son muy claras y pasan por el desprestigio de los Duarte y Borge. Con esos gobernadores ganar una elección resulta casi imposible.

La gente castigó la fatuidad y la corrupción, la gente no perdonó los dispendios y las casas de todos los colores. Resulta que somos un pueblo acusado de displicente, pero que al final en las urnas de una u otra forma mandamos al carajo a aquellos que sabemos que son unas ratas. Lo grave es que encumbramos a otras ratas, de distinto color.

El deporte después de esta elección es la apuesta electoral. Ya se apuesta por quién puede ser el Presidente en  2018. Creo que debemos de ser responsables. Ni Osorio ni Zavala ni López Obrador ni Mancera tienen un lugar asegurado. La gente, según dirían los clásicos, está: Up to the mother, las ladronadas ya no son aceptables en ningún momento.

El gobierno de los mediocres y de los peores, no puede ser la tónica. Los mexicanos incompetentes no deben de aspirar a un puesto de elección popular cobijados con un partido sólo por salir de la medianía y al final ejercer un puesto público no por vocación, sino por necesidad.

Dicen los clásicos que en política lo único cierto es lo que ya pasó. No se puede descartar a nadie. En el PRI quien de por muerto a Beltrones es mal analista, dar por candidato a Osorio es precoz, en el PAN quien piense que la lucha es sólo entre Anaya y Margarita es ridículo, en el PRD no sólo existe Mancera, sino también una multitud de opciones de coalición y en Morena López Obrador no asegura más que quedar cerca como siempre.

La realidad es que hoy de todos los nombres, de todos los partidos no hay una clara opción de resolución de problemas. No hay un nombre que pueda resolver los graves problemas que tenemos como país, pero, sobre todo, como sociedad, es decir, la falta de cohesión social.

Me queda claro que se necesita un líder. Un hombre probo y honesto. Capaz, estudiado, con una capacidad impresionante de llegar a acuerdos. Un hombre libre de compromisos que sea capaz de mandar al carajo el dinero, a las estructuras de poder. ¿Existe en México?

Ojalá que los políticos entiendan que estamos hasta el copete de imbéciles sin sentido. De tipos que no tengan la capacidad y los cataplines de operar un cambio real en nuestro país.

El mensaje de las urnas no tiene lugar para la interpretación. Los mexicanos tenemos, sin duda, la capacidad de expulsar a los políticos mentirosos e incompetentes. Incluso, a los que tienen un tono tipludo y se quieren defender de la forma más poco convencional.

Un ladrón y un imbécil no pueden mentir. Igual que un pato que camina como pato, indudablemente, es un pato, los rateros lo son sin condición, pero les tocó un pésimo momento, los ciudadanos estamos muy pendientes de sus tropelías.

Yo hago votos porque al que aspire a ser candidato en el 2018 tenga pasto, pastura y quien lo cuide. Es decir, que sea el mejor hombre y con los más grandes méritos en lugar de un improvisado con aires de grandeza, que designen los factores reales del poder.

No hago apuestas políticas. Las encuestas están desprestigiadas, esto por su propensión a costear resultados. Es decir, su facilidad por mentir en función del cliente. Las encuestas ya perdieron credibilidad y su razón de ser. Hoy son un instrumento al alcance del poder o del contratante.

EN EL ESTRIBO.- Dicen los clásicos que el poder a los inteligentes los marea, pero a los pentontos los vuelve locos. Es un poco lo que ocurre en el corredor azul del Estado de México, los munícipes de Naucalpan, Tlalnepantla y Atizapán, están borrachos de poder. Toleran policías de tránsito ladrones y sin reconocer adeudos anteriores, lo mismo que pasa en Cuatitlán, a donde saben más de taekwondo que de cumplir con sus compromisos, pobre país con políticos tan irresponsables.

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