Untarse al Papa para expiar culpas

Para Alex Yahir, mi compadre, sin conocer a Francisco, me explicó su mensaje. Entiendo la necesidad de muchos políticos de untarse al Papa para expiar sus culpas y reconciliarse con la gente. Seguro la misericordia de Francisco alcanza para perdonarlos. Pero no le ...

Francisco Zea

Francisco Zea

Línea estratégica

Para Alex Yahir, mi compadre, sin conocer a Francisco, me explicó su mensaje.

Entiendo la necesidad de muchos políticos de untarse al Papa para expiar sus culpas y reconciliarse con la gente. Seguro la misericordia de Francisco alcanza para perdonarlos. Pero no le falten al respeto a organizaciones que todos los días confortan el dolor y secan las lágrimas de los niños con cáncer del Hospital Infantil de México Federico Gómez.

Hace tres años tuve la fortuna de conocer a Alex Yahir —mi tremendo compadre—, un niño de 9 años de edad y cien de dolor y sufrimiento. Luchador más valiente que El Santo. Cuando tenía 7 años un tumor le arrebató una pierna, pero nunca la alegría. Él sí me arrebató algo: la incredulidad, me hizo creer en el poder de la fe y el amor en un ser supremo. Más adelante, la maldita enfermedad se le presentó en un pulmón y la única solución era extirpárselo. Su madre, una mujer inteligente, siempre tuvo claro que la decisión sobre la operación sólo residía en el dueño del cuerpo: mi compadre.

Recuerdo una conversación que me pone la piel “chinita”, Alex me explicó que decidió no operarse porque no podía perder partes de su cuerpo cada vez que al “cochino” cáncer se le ocurriera aparecer. Pero me dijo que no se daría por vencido, que seguiría con la quimioterapia y con su fe en Dios. El doctor le dijo que si no accedía su muerte sería muy angustiosa, pues iría perdiendo la capacidad de respirar. Él decidió luchar convencido. Y la enfermedad no lo venció, porque se fue con la dignidad en la frente, con el ejemplo esparcido entre miles que le amamos y con mi corazón en su mano. Lo recuerdo abrazándome y soltando su muleta corriendo hacia mí, hacia su mami, su papá y su hermano. Lo veo jugando emocionado con los ojos nublados con su perrita Chihuahua.

Pero también lo veo en su cama de hospital Federico Gómez, con ayuda para respirar, poniéndose la máscara de El Hijo del Santo, feliz siempre. En ese hospital pasan cosas mágicas los días. Se vive el ciclo de la vida en una hora, desde la muerte hasta un renacimiento. La campana que se toca, que vimos en la transmisión, no es una ocurrencia, ese niño que la tocó recibió la noticia de que la vida decidió no ensañarse con él y que está en remisión, es decir, que no tiene cáncer por el momento. Seguramente esto era del conocimiento de los dignatarios mexicanos que acompañaron al Papa al hospital.

Francisco es un hombre que se identifica con el sufrimiento, que ve las cosas y las comprende desde la periferia, incluso existencial. Estos pequeños que visitó son menores de escasos recursos que realizan viajes agotadores, a quienes sus padres tienen que sostenerlos en brazos después de una quimio, mientras ellos no dejan de vomitar y sudar por el medicamento. Son la periferia de la salud. El Papa, fiel a su costumbre, fue a enseñarles la ternura de la mirada de Dios. Ha dejado claro que la misericordia tiene que venir de toda la sociedad, para volver a recomponernos. Por eso mi rabia. Hay infinidad de organizaciones que todos los días trabajan para aliviar el dolor, que ofrecen un refugio a quienes vienen de otro lugar y no tienen dinero para alojarse, que les pagan tratamientos, que acompañan a los niños todos los días para palear el sufrimiento y hacer sus días de dolor más cortos, que ofrecen terapia a las familias para poder afrontar la vida y la muerte. Y esas asociaciones estuvieron marginadas de saludar e intercambiar palabras con el hombre que predica la ternura, el amor y la inclusión en la Iglesia católica, exactamente lo que hacen estas AC. Es, por decir lo menos, un error garrafal y una falta de sensibilidad. Sólo deseo que nuestros funcionarios hayan visto el rostro del sufrimiento y su conciencia les exija, ahora sí, ser parte viva y activa de un hospital milagroso. Que ellos, quienes tienen el poder, decidan apoyar con presupuesto y programas al hospital. De un lugar en donde la vida y la muerte conviven y nos enseñan a ser humanos de verdad. Yo no he abrazado al papa Francisco, cuya congruencia me parece épica. Debe de ser maravilloso. Pero les recomiendo un abrazo de un niño o niña luchador como ellos. Cambian la vida. A mí me la cambió Alex Yahir. Llevaré su abrazo tatuado por siempre.

EN EL ESTRIBO:  Volviendo a nuestra realidad, el Papa se va el miércoles y volverá la carnicería electoral. Pertrechado se reporta el PRI, que encabeza Manlio Fabio Beltrones, quien ya tiene definidas once candidaturas, de consenso e inclusión.

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