El México en peligro de desaparecer

No podemos seguir siendo un país de desaparecidos, existen hasta marzo del presente año más de 25 mil.

Francisco Zea

Francisco Zea

Línea estratégica

No se descubre el hilo negro afirmando que el principal problema que aqueja a este país es la impartición de justicia, es decir la impunidad. Los sensibles e importantes cambios que ha sufrido nuestra legislación, imponiendo el sistema penal acusatorio, es un cambio de 180 grados. Pero la

ley simplemente plasmada en los códigos no sirve por sí misma. Si no hay un cambio de fondo y, sobre todo, de mentalidad, nada va a pasar. Y seguiremos siendo el mismo país en el que se privilegia la corrupción, el delito y la desfachatez.

No podemos seguir siendo un país de desaparecidos porque tarde que temprano vamos a desaparecer como país. Oficialmente, existen hasta marzo del 2015 más de 25 mil desaparecidos.

Lejos de ser una cifra más, primero debemos tomar en cuenta que ésta es la cuenta oficial que, seguramente, crece por la gente que no denuncia por falta de recursos o de cultura. Pero lo más importante. Cuánto dolor innecesario, cuántas historias sin resolver, cuántas lágrimas y cuánta sangre ha tenido que pagar este país por la incompetencia de sus gobernantes de todos los partidos, de todos los niveles. Historias que no salen en las primeras planas de los periódicos, pero que no dejan de rasgar el alma.

Creo que uno de los ejercicios más catárticos cuando un ser querido ha muerto, es el de acudir a su tumba, a su nicho, a su última morada y posar las manos sobre el frío mármol, el cemento o la lápida y entender que ahí yace su último recuerdo, su último reducto. Que pasa por la certeza de saber qué le pasó. De qué manera murió y de alguna forma haber acompañado o entendido el proceso o el suceso.

Debe ser, sin duda, una de las peores penas no saber el paradero del hijo, del padre, del hermano. Lo reitero, cuánto dolor innecesario. Cuántas lágrimas.

La creación de una fiscalía especial a mí, en particular, no me da muchas esperanzas de revertir el problema. Hemos tenido en México infinidad de fiscalías que sólo han consumido recursos y hecho el ridículo. Desde Colosio, pasando por el cardenal Posadas, entre otras. Y las “verdades históricas” descubiertas no han dejado a nadie satisfecho, nadie ha creído en las historias contadas. Ni el Nintendo le funcionó a los investigadores.

Yo sostengo que el problema sigue siendo de brutal impunidad. Desde un agente gubernamental corrupto hasta un miembro del crimen organizado o desorganizado sabe las escasas posibilidades de ser procesado y condenado por su crimen, lo cual lo convierte en un aliciente muy perverso para que esto siga ocurriendo.

Cómo estará la justicia de este país en todos los niveles, que en un caso tan mediático como el de Fernanda Fosado y su hija Valentina Ruvalcaba, del cual yo he escrito en este espacio no menos de diez veces, en el que Fernanda Fosado la acaba de reconocer la revista Caras como uno de los casos inspiradores para la mujeres mexicanas y ni así el Poder Judicial de la Federación ha podido resolver a través del Juzgado Décimo de Distrito en Materia Civil un amparo interpuesto hace cuatro meses por el papá de la niña. Es aquí en donde es difícil creer que el señor Adrián Ruvalcaba, actual diputado local del Distrito Federal, y el hermanito violento y mentiroso Juan Manuel no estén torciendo la mano a la justicia. Si este caso ventilado hasta el cansancio en los medios no se ha podido resolver, imaginemos la tragedia diaria a la que se enfrentan miles de mujeres y hombres que los han separado de sus hijos por cualquier motivo, venganza o crimen.

Este país no puede seguir en esta impunidad rampante. No puede seguir generando tanto sufrimiento. No puede ser de hijas y madres o padres separados por el poder.

No puede ser de desaparecidos o se corre el riesgo de desaparecer.

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