Sin información no hay condiciones para una acertada reacción
La historia consignará el manejo de la situación: los aciertos y méritos de un trabajo descomunal de miles de funcionarios públicos
A la memoria de las miles de víctimas
del covid-19 en México, las reconocidas
y las no reconocidas oficialmente.
Si la información es genuina, pero inaccesible, pierde su valor de uso y de cambio. Si la información es imperfecta o incompleta y es abundante se vuelve un distractivo o entorpece los esfuerzos para alcanzar objetivos urgentes o, peor aún, conduce a la confusión caótica o al vil desastre. Las cualidades de la información de calidad son la veracidad y la disponibilidad.
A unos meses de la declaración de pandemia por el covid-19, la Organización Mundial de la Salud, ha reconocido que la crisis sanitaria mundial fue subestimada por los gobiernos en general. Las revelaciones de indicadores numéricos de contagios y defunciones colocan a dos países del continente americano con los peores resultados del mundo: Los Estados Unidos de Norte América y Brasil, y dentro de los cinco países más afectados ubican a México.
A fines de marzo, apenas el Consejo General de Salubridad estableció la emergencia sanitaria que continúa vigente, casi cuatro meses después. La capitanía de la contingencia sanitaria a nivel nacional recayó en el subsecretario de salud federal, reconocido epidemiólogo que alcanzó un gran protagonismo por encarnar la máxima autoridad para definir la ruta a seguir y, en su caso, las medidas que la circunstancia demandaría, efecto de llegar al mal menor. Ante una epidemia sólo se pueden esperar los menores daños si se hace la tarea pública precisa.
Información no ha faltado, ha sido abundante, pero no se puede asegurar que la calidad informativa hubiera sido la regla. Las inconsistencias en el manejo informacional de la crisis y sus efectos exhiben incongruencias entre las instrucciones dadas desde un comienzo.
El modelo de prevención y combate a la pandemia prescindió de pruebas o “test” a población abierta estimada en un número por cada millón de habitantes. Sólo se han aplicado pruebas a personas con síntomas asociados a la infección. Somos el país que menos pruebas ha efectuado. ¿Hubo conciencia crítica al adoptar ese riesgo?
Se desalentó la pertinencia del cubrebocas o mascarilla en población abierta y sólo para el uso del personal médico. El modelo Centinela fue revelado cuando las suspicacias sobre las cifras estadísticas comparadas dieron paso a reconocer un cálculo o estimado de ocho no registrados por cada oficialmente acreditado. Primero se negó tajantemente que las neumonías atípicas que proliferaron a la par de la epidemia fueran casos de covid-19. Luego se tuvo que reconocer que eran equivalentes.
Al ingresar a la fase 3 se dijo que el modelo Centinela habría dejado de ser relevante. ¿Y entonces para qué sirvió? Luego se tuvo que admitir que existen importantes subregistros. Las actas de defunción reconocen la causa de la muerte a males respiratorios y las cifras son mayores a las oficiales.
La información cotidiana ha sido fuente permanente de interrogantes y refutaciones por expertos y no ha habido debate informado para aclarar la estrategia y regenerar la confianza en la directriz que asume tan delicada misión.
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A estas alturas no existe evidencia de que haya habido estrategia con escenarios de variación. Esa es la clave de una referencia documentada de afirmaciones que se deben analizar para localizar las deficiencias e insuficiencias informativas y las operativas que hubieran sido inspiradas en la información inconsistente.
La historia consignará el manejo de la situación: los aciertos y méritos de un trabajo descomunal de miles de funcionarios públicos, entre ellos los que integran el personal médico y que han comprometido sus vidas, y otros muchos integrantes del personal administrativo de diversas dependencias, el cual ha hecho lo que se les ha instruido.
Es responsabilidad de las autoridades no haber sabido o podido controlar la movilidad humana absurdamente riesgosa o la que por necesidad es y ha sido arriesgada. Sin información no hay nación.
La nación se edifica con certezas que producen un espacio de certidumbre tanto frente a la prosperidad, como durante la adversidad.
