¿Quién rompió el techo de cristal?

Ahora debemos cuidar que el cristal de la pluralidad.

A Hermila Gallegos, primera activista

sufragista que quiso abolir el patriarcado

para incidir en los máximos asuntos

públicos de nuestro país.

Al iniciar su discurso a nombre del pleno del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), la magistrada presidenta, Mónica Soto Fregoso le dijo a la presidenta electa, Claudia Sheinbaum: “En México se ha roto el techo de cristal”. Estalló un aplauso grande.

Rotunda asimilación de la conciencia ciudadana en la urgente asignatura de saltar la muralla del machismo anacrónico.

La magistrada Mónica Soto —al invocar al techo de cristal— dejaba en claro implícitamente, el honor de ella y de sus pares de firmar y entregar la constancia a la primera Presidenta de la República Mexicana.

En ese salón de plenos del máximo tribunal electoral del país, recibieron la constancia de validez de la elección presidencial cinco titulares del poder ejecutivo federal, los triunfadores de sus correspondientes procesos electorales para gobernar de 2000 a 2006; de 2006 a 2012; de 2012 a 2018; de 2018 a 2024 y la que comienza el 1 de octubre del presente para concluir el mandato presidencial en 2030.

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La democracia mexicana ha conseguido que las transmisiones de mandato de cuatro presidentes haya sido realmente pacíficas y principalmente asumidas con ánimo republicano. El TEPJF es uno de los instrumentos institucionales que ha brindado certeza en cada elección y con ello hemos vivido casi cinco lustros de estabilidad política. La evolución de las reformas electorales  desde 1996, fueron creando mecanismos normativos e institucionales para conducir las energías que disparan la lucha por el poder. Así, lentamente, en los comicios presidenciales de 1988, la crisis de legitimidad provocada por el fraude al candidato opositor Cuauhtémoc Cárdenas, suscitaron los fermentos de un reclamo cívico que  desde entonces vino cosechando avances —algunos invisibles—, el aluvión democratizador que iniciara simbólicamente en 1977, se aceleró después de 1988 y los trágicos acontecimientos de 1994 fueron aflojando las correas del sistema político del régimen autoritario, las alternancias confirmaron la vocación republicana de la sociedad mexicana, sin olvidar que fue y deberá ser el pluralismo el alma de la nación. La diversidad y la complementación de las disonancias son la savia que nutre la cohesión que nos identifica a todos y a todas con la Constitución como norma rectora.

Si bien, el 2 de junio se rompió el techo de cristal que impedía la paridad sustantiva, ahora debemos cuidar que el cristal de la pluralidad (cual prisma del arcoíris que deja ver la realidad con distintos lentes), no se opaque con una sola visión de las cosas que se convierta en un dogma.

El pluralismo es la variada interpretación de hechos y derechos, de personas y de pensamientos. La nación mexicana es pluriétnica, heterogénea, pluricultural.

El desafío histórico no tiene que ver con que ahora una mujer comande a las Fuerzas Armadas y decida las potestades de Estado y de gobierno que le confiere la Constitución al encargo presidencial.

El reto está en que esa mujer y las miles que con ella harán Estado cada día, sean incluyentes y tolerantes, sean auténticas demócratas para que germine la verdadera reconciliación republicana.

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