Presidentes, intervencionismo norteamericano, narcotráfico y migración

De repente, se encendieron los ánimos y el presidente López Obrador volvió al discurso soberanista de siempre ése con el que se inflama el patriotismo emergente. Curiosamente, todo iba viento en popa con Biden, al mismo a quien no quiso reconocer de inmediato como ...

De repente, se encendieron los ánimos y el presidente López Obrador volvió al discurso soberanista de siempre (ése con el que se inflama el patriotismo emergente).

Curiosamente, todo iba viento en popa con Biden, (al mismo a quien no quiso reconocer de inmediato como presidente de EU), pero a quien hizo aterrizar en el AIFA recientemente, lo que demostró su debilidad.

Resulta que, como allá también andan de precampañas en las internas de los partidos, algunos congresistas norteamericanos –en el afán de movilizar simpatizantes– o intentar acercarse a los votantes latinos (mexicoamericanos) y/o, más bien, exaltar el sentimiento antiinmigrante que existe y que precisamente Donald Trump sustentaba cuando presidente, un sentimiento antimexicano por convicciones racistas y discriminatorias, y también para, con ello, congraciarse con la comunidad afroamericana y otros colectivos arraigados que se ven amenazados por la expansión de la mano de obra mexicana.

El tabasqueño los acusó de intervencionistas por afirmar que nuestro país es un territorio controlado por el narco y, por consecuencia, de haber pactos o acuerdos entre las autoridades oficiales y los cárteles más fuertes, en algo así como una horrorosa entrega de zonas y plazas, sin realmente intervenir los buenos contra los malos, algo así como una ominosa postración del poder público ante los poderes fácticos del negocio de las drogas mayores (fentanilo), armas y migrantes.

Cada cierto tiempo, en medio de la aparente concordia y buena vecindad, afloran incidentes de intromisión y reproches encendidos y esos altercados, en el último siglo, acaso ninguno tan altanero y tan ofensivo como con el indescriptible Donald Trump.

Estados Unidos, desde 1986 y hasta el año 2002, certificaba a México y a otros países en el combate contra el narcotráfico, esto a raíz de una Ley contra el Abuso de Drogas, de 1986, como parte de una reforma antidrogas que respondía a la preocupación que habían mostrado los votantes estadunidenses por la violencia y la adicción provocadas por los narcóticos. En ese tiempo eran Ronald Reagan, George Bush padre, Bill Clinton… vaya comparaciones.

No se debe olvidar la intervención de Estados Unidos para capturar al entonces médico Humberto Álvarez Machain, de Guadalajara, del que se sospechaba que colaboró para drogar y mantener con vida al agente de la DEA el Kiki Camarena, en 1985. Ese agente habría descubierto negocios millonarios de Caro Quintero dentro del narcotráfico en Estados Unidos. El médico salió librado de los tribunales al establecer la defensa que el médico habría sido secuestrado por militares y policías mexicanos para entregarlo a la justicia violando el debido proceso.

Finalmente, la intervención de agentes y militares estadunidenses para la captura y extradición de Guzmán Loera en 2017, de Dámaso López Núñez, sucesor de El Chapo en 2018; Édgar Valdés Villarreal, La Barbie, en 2015; Alfredo Beltrán Leyva, El Mochomo, en 2014, Alberto Benjamín Arellano Félix en 2011; Vicente Zambada, El príncipe, en el 2010. Todos con recompensas millonarias por el Departamento de Estado de Washington.

O sea, detrás de cada zarpazo del tigre yanqui, por desgracia, siempre se sabe: el colaboracionismo del mismísimo gobierno mexicano, y en eso fue y ha sido lo mismo desde Echeverría, López Portillo, De la Madrid, Salinas, Zedillo, Fox, Calderón, Peña Nieto y, pues, también López Obrador.

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