Presidencialismo soberanista y ¿los tratados con EU?
Hace tan sólo un par de semanas se encendieron las alarmas por las reclamaciones estadunidenses respecto de actuaciones y discursos del gobierno mexicano en discrepancia con los objetivos comunes del TMEC. Los seguidores del presidente López Obrador salieron a expresar ...
Hace tan sólo un par de semanas se encendieron las alarmas por las reclamaciones estadunidenses respecto de actuaciones y discursos del gobierno mexicano en discrepancia con los objetivos comunes del T-MEC. Los seguidores del presidente López Obrador salieron a expresar que esos posicionamientos críticos eran muestra de la plena autonomía con la que se conduce la relación bilateral.
Analistas neutrales dijeron que las discrepancias referidas eran —hasta cierto punto— “normales” en el esquema de una relación comercial sujeta a un estatuto jurídico que impone cláusulas de comportamiento a los gobiernos de los países involucrados, en los que siempre hay tensiones que se deben administrar. Los opositores al gobierno señalaron que es una irresponsabilidad del Presidente de la República enviar señales encontradas, que no se ha cumplido el mes de la visita de López Obrador a Joe Biden, en la que presumieron gran entendimiento, y ahora se acude a frases que marcan distancia e incomprensión.
Lo anterior viene a cuento porque, para la agenda del presidente López Obrador, según su discurso, “la era neoliberal” comenzó durante el sexenio de Carlos Salinas de Gortari y abarcó cinco sexenios, según la voz del presidente López Obrador: “Hemos padecido 30 años de sometimiento comercial respecto del país del norte”.
Así, se da por hecho que el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá (TLC), anunciado en 1990 y renegociado después de la derrota del presidente George Bush en las urnas rumbo a su reelección en 1992, fue una suerte de sumisión comercial fruto del “embrujo neoliberal”.
Curiosamente, el presidente Clinton desconoció cláusulas que su antecesor había autorizado y que se consideraban desfavorables para los intereses de Estados Unidos. En otras palabras, acusó a George Bush padre de haber sido laxo y condescendiente con Carlos Salinas de Gortari, entonces presidente mexicano.
Finalmente, hubo TLC (NAFTA, en inglés) a partir de 1994.
Después de 20 años fue necesario reformular el tratado trilateral, que fue una empresa que administró el gobierno de Enrique Peña Nieto y que dejó firmado en 2018, pero que inició su vigencia en 2020.
Al actual gobierno le tocó el inicio de la vigencia del T-MEC y estamos a dos años de aquel momento, por lo que la actual administración convalidó los términos de lo suscrito en 2018.
Al margen del discurso político, siempre impregnado de toxinas ideológicas, no basta con señalar con dedo flamígero que los tratados de libre comercio, firmados hace más tres décadas con los países vecinos del norte de América, eran muestra indiscutible del “neoliberalismo”, pero que el que está en curso —firmado en 2018 y que inició vigencia en 2020— convalidado por esta administración, no lo sea.
Si la nueva forma de hacer gobierno fuera absolutamente ajena a estas sujeciones con los países capitalistas por excelencia, podríamos reconocer que existe un verdadero alejamiento del “neoliberalismo”.
En tanto, mientras perdure la sujeción al Fondo Monetario Internacional, subsista la deuda externa y se siga cumpliendo, se mantengan los vínculos con el Banco Mundial, se prolongue el TLCAN (bajo el nombre de T-MEC) con los correspondientes ajustes y modificaciones (simbólicas). Con todo respeto, las afirmaciones pueden parecer efectistas, pero no realistas.
