¿Presidencialismo constitucionalista?

La exigencia era afirmar la laicidad del Estado.

Todos los presidentes mexicanos aseguran haber cumplido la Constitución, pero todos llegaron para reformarla, trataron de hacerla a su modo y, por desgracia, para incumplir sus principios y hasta sus normas vigentes.

Algunos, sólo unos cuantos, vieron nacer una Constitución, una nueva. Pero como le dijimos antes, todos se han querido sentir padres de la Constitución, por eso le han metido mano y de qué manera. De 1917 a la fecha se ha reformado más de 700 veces. Ninguna carta superior de 105 años ha sido transformada tantas veces.

El 4 de octubre de 1824 fue promulgada la Constitución Federal de 1824, cuando era presidente Guadalupe Victoria, causa que en realidad impulsó Vicente Guerrero. Ésa fue la victoria de los federalistas respecto de los centralistas, creíamos que aquel país de liberales y conservadores se había agotado, pero no.

Las Siete Leyes Centralistas,  Constitución de 1836, fue promulgada  cuando era presidente interino de la República don Miguel Francisco Barragán Ortiz, aunque quien gobernaba en realidad era  Antonio López de Santa Anna. Ésta fue la revancha de los centralistas.

Los constituyentes de 1857 establecieron una constitución escrita y rígida, una carta política con derechos fundamentales y división de poderes, también contenía el juicio de amparo, y la previsión del Poder Constituyente Permanente, para la eventualidad de reformar la propia Constitución. Juárez fue, sin duda, el impulsor.

El presidente Venustiano Carranza pretendía sólo reformar la Constitución de 1857, sin embargo, del Constituyente de Querétaro en el Teatro de la República (antes de Iturbide) se decantó por una nueva constitución. Así nació la Constitución de 1917, Carranza tuvo que aceptar la inserción de las ideas sociales que se asentaron en el texto de 1917; francamente él no era partidario de tan señaladas causas, pero el furor popular expresado en los auténticos revolucionarios exigió esos nuevos postulados. Carranza imaginaba soluciones antirreeleccionistas y libertades básicas.

La exigencia cívica consistía en afirmar la laicidad del Estado y la educación, así como dar paso a las de contenido social, es decir, los artículos 3°, 5°, 24, 27, 123 y 130. Educación laica y gratuita, libertad de oficio, propiedad ejidal, derechos laborales y separación de la Iglesia y el Estado mexicano. Al margen de los titubeos y de los temores oficiales, la carta de Querétaro fue una constitución histórica.

No podemos olvidar que fue una de aquellas constituciones que dieron cauce a los movimientos sociales de la primera parte del siglo XX, al igual que la Constitución de Weimar y la bolchevique. Curiosamente, las tres constituciones  con programas sociales derivaron en regímenes totalitarios: la de Weimar fue la puerta por la que ingresó Hitler; la bolchevique devino en la URSS y su gerontocracia soviética, la nuestra engendró el esquema de la “revolución institucionalizada”, que sin llegar a los extremos alemán y soviético, dio paso al régimen autoritario derrotado en las urnas en 2000; sin embargo, el voluntarismo oficial no ha cesado y como método amenaza por revertir soluciones constitucionalmente adoptadas como norma suprema de la unión.

Lo más delicado es que la estabilidad política de la era no democrática es extrañada porque la inseguridad pública y la desigualdad social se han exacerbado.

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