Moderación para la madurez democrática; desafíos de la 5a República Mexicana

Las cuatro grandes transformaciones históricas del México independiente a la fecha han tenido en común ambivalencia, rasgos positivos y despropósitos para su realización:

1. Una vocación generalizada de modificar de raíz al régimen anterior, (un emotivo brío colectivo para imponer lo nuevo y sustituir lo existente) siempre mediante una nueva Constitución y, 2. Urgencia desmedida, prisas en lugar del ritmo preciso para la progresividad recomendable.

3. Atropellar lo urgente con lo importante, intolerancia a lo viejo que merecería ser un fruto rescatable como parte de la sedimentación política y económica virtuosa. Incapacidad de asimilar lo nuevo con lo anterior que sea útil para afirmar las innovaciones y asegurar su pertinencia y perdurabilidad.

La historia es la suma y la resta de los aciertos y los yerros, la reivindicación histórica sólo conseguirá serlo si restaura y reinstala los aciertos combinados con las promesas factibles del porvenir.

Las incansables batallas internas entre centralistas y federalistas abrieron flancos a la integridad territorial y soberana, las invasiones, intervenciones extranjeras y una permanente visión antagónica del tipo de Estado y de la forma de gobierno para la naciente nación de 1821. El federalismo constitucional de 1824 era y fue la solución triunfadora, pero desprovista de un programa de cohesión ciudadana facilitó la pérdida de la mitad del territorio. La Reforma renovó la Constitución y creó sus leyes que proclamaron “la igualdad para los desiguales” sin remediar su equitativa igualación (los indígenas, principalmente). Afirmar la laicidad del Estado fue beneficio para legitimar el pensamiento liberal, pero desamortizar los bienes del clero como fue operado, condujo a la avaricia de gobernantes y hacendados favorecidos y con ello a propiciar el régimen dictatorial de Porfirio Díaz.

La guerra de guerrillas, que incluye la revolución de 1910 a 1917, motivó una nueva Constitución en la que previó garantías sociales y derechos de contenido económico y social (inalcanzables a la fecha), pero, además, la burla al “sufragio efectivo no reelección “ de Madero a escasos doce años con la reelección de Obregón y su asesinato que condujeron al Maximato y al partido hegemónico que instauró un autoritarismo manipulando e instrumentalizando al ejido, obreros y burócratas en los sindicatos públicos.

La cuarta transformación fue la de 1977 al 2017, Cuarenta años de “transición democrática” logrando con vigoroso reformismo constitucional el pluralismo, arrancó al hipertrófico presidencialismo, las funciones de consulta, revisión y control asignadas por los órganos constitucionales autónomos (no como instituciones neoliberales), sino como las bases a un presidencialismo acotado por las autoridades constitucionalmente autónomas en complemento a los contrapesos de “ gobiernos divididos” y por la defensa de las libertades y de la legalidad de las Organizaciones de la Sociedad Civil (OSCs).  La “austeridad republicana” tendría para ser adecuada, ser compatible con la madurez democrática. Mas allá de aritméticas parlamentarias, ojalá haya moderación republicana para salvar lo bueno y mejorar lo vigente en progresiva sintonía con las innovaciones exigidas en las urnas.

Si se respeta la legalidad vigente, el rol de la autonomía del poder Judicial y del Legislativo (al margen de la enorme representación de los partidos en el poder), la función de las autoridades constitucionales autónomas, la defensa radical de las libertades por las saludables voces críticas de las OSC, académicos, intelectuales y medios de comunicación. La madurez democrática florecerá en la ansiada consolidación democrática en una República austera que no traicione el federalismo, que no consienta el presidencialismo imparable, que no paralice el mercado libre, no ahuyente inversiones externas y lo más importante, que no genere expectativas de compensación social imposibles de cumplir.

La 5a República a diferencia de las anteriores llegó pacíficamente y por la senda de la cuarta etapa denominada “transición democrática” y puede, y acaso debe, ser la única transformación histórica que no cometa las contradicciones de las anteriores. Igualar a los desiguales con una austeridad que frene el desarrollo funcional de las instituciones no debería hacer inviables las conquistas democráticas de 1977 a 2017.

Comisionado presidente del Inai

Twitter: @f_javier_acuna

Temas: