Longevidad presidencial (la vida después de entregar la banda presidencial)
A propósito de la muerte del expresidente Luis Echeverría acaecida hace unos días. Reza el refrán: “Genio y figura hasta la sepultura” y otro que asegura que “no hay mal que dure 100 años”; sin embargo, la vida y la muerte de don Luis Echeverría Álvarez ...
A propósito de la muerte del expresidente Luis Echeverría acaecida hace unos días.
Reza el refrán: “Genio y figura hasta la sepultura” y otro que asegura que “no hay mal que dure 100 años”; sin embargo, la vida y la muerte de don Luis Echeverría Álvarez (LEA), presidente de México de 1970 a 1976, permite conjeturas extendidas al misterio de la longevidad presidencial.
Corría el año de 1972 y en los principales cerros de cada paraje transitado y en las bardas de las fincas oficiales se leía: “Año de Juárez”. Eran los tiempos del “Arriba y adelante” (su lema de campaña), y de la calva deportiva y reluciente del señor presidente; vivió para ser presidente y pudo sobrevivir 46 años con la tremenda nostalgia de haber sido presidente.
La galería presidencial admite reconocer la habilidad desarrollada de los expresidentes. Lázaro Cárdenas murió en octubre de 1970, 25 años después de Plutarco Elías Calles, fallecido en 1945 (hundido después de haber sido expulsado del país). Manuel Ávila Camacho expiró el 13 de octubre de 1955; Miguel Alemán Valdés murió en 1983, a los 82 años; Adolfo Ruiz Cortines falleció en Veracruz, el 3 de diciembre de 1973; Adolfo López Mateos quedó inconsciente el 31 de mayo de 1967, a causa de una hemorragia cerebral y permaneció en coma hasta el 22 de septiembre de 1969, murió en su casa de San Jerónimo, Ciudad de México, en donde vivió siendo presidente (nunca ocupó Los Pinos).
Gustavo Díaz Ordaz falleció el 15 de julio de 1979, más de una década después de la matanza estudiantil de 1968; José López Portillo murió el 17 de febrero de 2004 y Miguel de la Madrid fallecía el 1° de abril de 2012. Con excepción de los últimos dos, a don Luis se le vio en todos los sepelios de sus antecesores, especialmente fue criticada su presencia en el de Gustavo Díaz Ordaz, pero, quién podía impedirle acatar una regla básica del poder.
Se dice que la vitamina política prolonga la vida y reconstituye la salud como efecto del mandato presidencial, las aritméticas del presidencialismo mexicano podrían resumirse así:
Lázaro Cárdenas, Miguel Alemán y Miguel de la Madrid sobrevivieron 30 años tras “haber dejado el poder”; López Portillo, 22 años después de su mandato; Plutarco Elías Calles, Ávila Camacho y Ruiz Cortines, a 15 años de entregar la banda presidencial; Díaz Ordaz, a 11 años de vivir fuera de Los Pinos y López Mateos, a cinco años de despachar en Palacio Nacional (no quiso vivir en Los Pinos).
Así las cosas, después de Echeverría Álvarez, Salinas de Gortari –con menos edad– es el exmandatario que más ha sobrevivido sin el tónico del poder, hace 28 años salió de Los Pinos y apenas cumplirá 75 de edad; Zedillo fue presidente de 1994- 2000, dejó la Presidencia hace 22 años y apenas 71 de edad; ambos menores que su sucesor, Vicente Fox, quien llegó a la Presidencia a los 58 años de edad y lleva 16 años de expresidente, cuando ha cumplido 80, así, es el expresidente vivo más viejo; Felipe Calderón arribó al encargo presidencial a los 44 y concluyó a los 50, ajustará apenas 10 años de expresidente y 60 de edad; Enrique Peña Nieto arribó a la silla presidencial a los 46 años y concluyó a los 52, apenas cumplirá cuatro de expresidente, con 56 años es el más joven. Finalmente, AMLO llegó a la Presidencia con 65 años y lo concluirá con 71.
La muerte de Luis Echeverría aconteció 18 años después de la de su sucesor y amigo, luego detractor, José López Portillo, y 10 años después del menor de ese grupo, Miguel de la Madrid. Desde 2004 no hubo funerales presidenciales hasta el 2012 y luego, 2022. Para un país presidencialista –al margen de la popularidad o impopularidad de sus expresidentes, no puede resultar inadvertida una ceremonia de exequias por algún antecesor. Sin embargo sólo hubo un tuit presidencial, el presidente López Obrador se limitó a informar del deceso y a enviar el pésame a familiares y amigos. Por LEA no hubo honras fúnebres, sólo un sepelio virtual.
