La nueva reconducción de la justicia federal (1995 y 2019)

Es importante exigir otra gran reconducción del Poder Judicial de la Federación. Es indispensable que esa estrategia y sus efectos broten de la propia judicatura para que no tenga que venir otro proceso de refundación como el de 1995.

                Al ministro Arturo Zaldívar, presidente
                de la SCJN, por su primer informe.

 

El pasado 11 de diciembre Arturo Zaldívar, con tonos de enérgica autocrítica, condenaba la era del desprestigio de la judicatura, la ominosa descalificación por la ramificación del nepotismo, la prevaricación y la impunidad que han dañado de modo lamentable la autoridad moral y funcional del Poder Judicial de la federación y daba cuenta de avances significativos en términos de severos procedimientos, de responsabilidades de jueces y magistrados.

En paralelo, con emoción reconocía –en compensación– que gran parte de los funcionarios judiciales han actuado  con integridad, probidad y honor del deber.

En cuanto recalcaba que el nuevo tiempo era también uno en el que la “austeridad republicana” tendría que ser rescatada para atender la vocación de sobriedad de los oficios públicos, los servidores públicos, entre los cuales no podrían faltar los que hacen posible que las aulas de la justicia estén abiertas para cualquiera que precise de una tutela judicial efectiva, se mostraban de acuerdo.

Invitaba a reconducir al Poder Judicial a ser receptivo a quienes no tienen voz o permiso para hablar, inclusive a “ser la voz de aquellos que no la no tienen”.

Mientras el ministro Zaldívar leía su informe, a sus espaldas descansaba la serena imagen de Juárez, óleo de gran formato que preside el solemne Salón de Plenos. Ahí sus palabras calaron hondo y suscitaron aplausos de un auditorio que sintetizaba a la República. Sentados estaban el titular del Poder Ejecutivo Federal, las presidentas de las mesas directivas de la Cámara de Diputados y del Senado, respectivamente. Abajo, los cinco integrantes del Consejo de la Judicatura Federal y los siete magistrados del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. De invitados: representantes del sector público, propietarios de los principales medios de comunicación y del empresariado nacional. Al frente, en primera fila, la doctora Margarita Ríos-Farjat, recién designada ministra del máximo tribunal, quien testimonia la capilaridad con la que se está configurando, en progresiva nivelación, la paridad real de los integrantes del pleno.

Los exconsejeros Alonso Pérez  Daza  y Felipe Borrego (autor de una investigación sobre nepotismo judicial).

Regresando, cabe recordar que apenas hace 25 años hubo que impulsar una transformación radical de la SCJN y algunas de las causas que la propiciaron, por lo que se puede ver, persisten. En 1995 acaeció la primera revolución del poder judicial federal del siglo XX.  Mediante un procedimiento polémico se fraguó la compactación de la antigua estructura de la SCJN que pasó de 21 a 11 ministros. Se creó también el Consejo de la Judicatura Federal, para, precisamente, alejar a los ministros de las cargas administrativas y de las tentadoras oportunidades de incidir en nombramientos de jueces y magistrados o en la asignación de plazas y destinos de aquellos por el país. Al efecto se instituyó la carrera judicial y se dijo entonces que la distracción de los ministros en otros menesteres y la saturación de asuntos de legalidad que resolvían atentaban contra la calidad de sus resoluciones. Se dijo que aquello los exponía al riesgo de la corrupción por nepotismo y conflictos de interés.

Así comenzaba –hace un cuarto de siglo– la nueva corte renovada y aliviada de padecimientos (algunos semejantes a los actuales).

Entonces vino un momento nuevo en el que, para blindar a los integrantes del poder judicial de la federación de perturbaciones, de quebrar su independencia de criterio o su integridad, así como para que permanecieran invictos a las presiones, se elevaron sus salarios y prestaciones en términos impresionantes y se estableció la inamovilidad en sus encargos salvo casos de excepción (causas graves).

Es evidente, la hazaña transformadora de 1995 quedó incompleta y en algunos aspectos fue revertida y traicionada. La enorme diferencia entre aquella operación de refundación de la SCJN y de redimensión del PJF, es que aquella estrategia vino del Poder Ejecutivo Federal y la que hoy comenzaremos a observar nace del propio Poder Judicial como una vía de autorrectificación.

Los hechos descritos exigen otra gran reconducción del Poder Judicial de la Federación. Es indispensable que esa estrategia y sus efectos broten de la propia judicatura para que no tenga que venir otro proceso de refundación como el de 1995.

La autonomía es, precisamente, fuente permanente de una soberana concepción autocrítica útil para la toma de medidas pertinentes. Así concluirá la endogamia perjuiciosa y autocomplaciente.

Indiscutiblemente, los procesos de rectificación y autocorrección anunciados deberán plasmarse con total transparencia. A eso se debe la consideración para la invitación al informe en representación del Inai. Éxito, ministro presidente y señoras y señores ministros. La República lo demanda.

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