La inteligencia artificial y democracia
La IA se ha convertido en un nuevo actor político.
El presente texto es tributario de una reflexión que el miércoles pasado publicó el magistrado Felipe Fuentes Barrera en El País, México; se trata de una reflexión que pone sobre la mesa nacional la inevitable vinculación entre esa nueva y poderosa herramienta: la inteligencia artificial (IA) y las elecciones. El magistrado del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación hace un recuento de casos en los que, desde hace un lustro, las tecnologías de la información han moldeado las expresiones colectivas en las urnas a través de la microsegmentación, con la que se ha seleccionado a sectores de la población de algunos países, cuyos perfiles fueron identificado a partir de gustos, aficiones y patrones de consumo para inducirles hábitos adicionales y hasta orientar su voto.
El magistrado Fuentes Barrera reconoce que la IA se ha convertido en un nuevo actor en las democracias de nuestro tiempo y expone que eso es bueno, porque el avance de la ciencia y la tecnología, en principio, generan el progreso. Pero, como en tantas otras disciplinas y procesos de la humanidad, el progreso no ha estado ni estará exento de riesgos y hasta de peligros paralelos o de daños colaterales. La advertencia obliga a vigilar los impactos de la IA en todas sus vías de incidencia en la vida contemporánea y, especialmente, sus impactos en la democracia. Así, nos convoca a dirigir nuestros afanes en la conciencia de la IA en el contexto de los procesos electorales recientes en los que se atribuye a dicho factor resultados inesperados o extraordinarios en las votaciones que derrotaron las encuestas y con ello voltearon de cabeza las predicciones económicas e impactaron la geopolítica.
En otras palabras, nos invita a poner cuidado en los efectos que la IA ha tenido y puede tener en todas las asignaturas y también en las reglas y procedimientos electorales. Una cuestión que debemos considerar debido al proceso electoral 2024 en curso.
Así las cosas, la globalización se manifiesta en el progresivo ensayo de los instrumentos de la modernidad, a pesar de los riesgos. Las vanguardias que deben experimentar los ciudadanos en general y los que aspiran a cargos de elección popular, los candidatos, en una época en la que la política se encuentra defenestrada, curiosamente, las estrategias basadas en la IA vinieron a remediar el desánimo popular por ir a las urnas y adoptar proyectos que se consideran son las alternativas de la posverdad. La única vía para reactivar entusiasmos cívicos inexplicables (salvo que se deban a esas operaciones de alto impacto).
La lucha de la política, la competencia para ocupar los cargos por la vía de la legalidad vino a revolucionarse y también la expectativa que los electores, aunque siempre sean sujetos del experimento y de la eventual manipulación, deben observar para alcanzar el objetivo en las urnas el día de la jornada cívica electoral.
La inteligencia artificial ha transformado al mundo y la democracia es una barca en ese océano.
El escándalo de Cambridge Analytics reveló cómo fue que con los algoritmos y desde una matriz que funcionó con IA, después de la microsegmentacion de parcelas de la población en edad de votar, se indujeron preferencias políticas específicas. La IA se consagró como una peligrosa fórmula para manipular masivamente a un enorme porcentaje de la población indecisa tan sólo para ir a votar. Esperamos que la IA y sus incógnitas no prevalezcan sobre la inteligencia natural.
