La CNDH. Ciclos de cercanía y lejanía con el poder

Nunca la controvertida CNDH estuvo más cercana al poder presidencial que cuando fue creada en 1990 por decreto y en los últimos cinco años. Sin embargo, esa “cercanía” se explica por diferentes motivos y acaso razones. Lo curioso es que esa coincidencia puede ser ...

Nunca la controvertida CNDH estuvo más cercana al poder presidencial que cuando fue creada en 1990 por decreto y en los últimos cinco años. Sin embargo, esa “cercanía” se explica por diferentes motivos y acaso razones. Lo curioso es que esa coincidencia puede ser documentada entre el sexenio de 1988-1994 y el actual. Mientras en aquel sexenio el Presidente de la República llegó con un severa crisis de legitimidad por las elecciones de 1988, el actual conquistó el mayor bono de legitimidad hasta estas fechas.

Hace 25 años –en 1999–, después de una trama accidentada de casi una década, la CNDH se convirtió en un órgano constitucional autónomo (OCA). Se dice fácil, pero desde aquel 1990 en el que naciera la CNDH original, la metamorfosis institucional fue vertiginosa, pero escalonada a lo largo de nueve años de sedimentación.

En 1992 la insistencia internacional por erradicar la tortura para extraer las confesión de delitos por inocentes consiguió la reforma constitucional del articulo 102 apartado B); reforma que le dio previsión en norma superior a la existencia de una instancia señalado en genérico: “un organismo para la protección y defensa de los derechos humanos, pero sin darle todavía la competencia integral (nacional) y tampoco su plena autonomía base de su fortaleza como ombudsman, que alcanzó en 1999.

Entre 1990 y 1994 se aseguraba que la fuerza a la CNDH, se la daba el llamativo respaldo del titular del Poder Ejecutivo. En esos momentos, se tuvo que admitir –hasta en los círculos académicos– que para que la CNDH tuviera éxito frente a las dependencias públicas y, especialmente, frente a las corporaciones policiacas y de procuración de la justicia, era imprescindible que se tuviera claro que desatender las recomendaciones los llevaría a graves consecuencias políticas.

A regañadientes, todo el funcionariado se fue acostumbrando a los informes periódicos del ombudsman mexicano en la Residencia Oficial de los Pinos; ahí el Presidente descargaba su exigencia a los funcionarios de acatar y cooperar con la CNDH. Después de 1999 los informes se rendían ante los tres Poderes por separado.

La pasarela de hace 34 años, incluye los mandatos de Jorge Carpizo 1990-1993; Jorge Madrazo 1993-1996; Mireille Roccatti 1997-1999 y, a partir de la reforma constitucional que aludimos, los quinquenios (dos mandatos de cinco años) de José Luis Soberanes 1999-2009; el mandato de Raúl Plascencia (2009 a 2014); el de Luis Raúl González Pérez (2014 a 2019) y el que encabeza Rosario Piedra Ibarra.

El ombudsman no debe estar cercano ni lejano (confrontado) con el poder público. La independencia técnica y de criterio del ombudsman se debe a la neutralidad de su oficio.

Pero si el ombudsman fuera perseguido o repudiado por los efectos de sus firmes señalamientos en favor de las libertades y los derechos de los ciudadanos lastimados por conductas de las autoridades; entonces, deberá preferir la distancia a los afectos del epicentro del poder que en México recae indiscutiblemente en el Presidente de la República.

El último discurso de verdadera independencia frente al Presidente de la República se escuchó en diciembre de 2018, con motivo del aniversario de la Declaración Internacional de los Derechos Humanos.

Fue Luis Raúl González Pérez, en Palacio Nacional, frente al actual Presidente, quien no volvió a participar en esas ceremonias.

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