España: odios y amores presidenciales

En 1977 se restablecieron las relaciones con España.

A propósito de las recientes declaraciones del presidente Andrés Manuel López Obrador reivindicando una serie de resentimientos con el reino de España, que ya había expresado en una carta dirigida al rey Felipe II; ahora exponiendo que lo mejor sería “poner en pausa" esa relación hasta que hubiera respeto a causa de los abusos históricos desde la época de la Conquista y debido a las operaciones de compañías ibéricas en suelo mexicano que, asegura, se gestaron en las últimas dos décadas. Resulta inevitable hacer un breve recuento:

Guadalupe Victoria (1824-1829), a pesar de ser nieto de español, impulsó la Ley General de Expulsión (para los peninsulares que no hubieran contribuido con la causa independentista); se dice, fue fruto de la presión del embajador Poinsett. A Vicente Guerrero le tocó acometer las atrocidades de esa “ley”, sedimento de la hispanofobia republicana. En cambio, cuando fue presidente interino Miguel Barragán Ortiz, que gobernó bajo el influjo de Antonio López de Santa Anna, se establecieron las relaciones diplomáticas con la madre patria en 1936. 

El apoyo a Miramón le costó la expulsión al embajador español Joaquín Pacheco ordenada por Juárez y las relaciones con España se rompieron después de los reclamos de deuda y créditos debidos por México ante Gran Bretaña, Francia y España, pero debido a la actitud del general Prim al evitar la invasión, el gobierno de Benito Juárez decidió restablecer las relaciones con España en 1871.

Porfirio Díaz estabilizó las relaciones con España y se opuso a favorecer a los cubanos cuando la crisis de la independencia de Cuba en 1898.

Cuando se instauró en España la República, México era gobernado por Pascual Ortiz Rubio, fue el país latinoamericano con la primera embajada en Europa.

México y España rompieron relaciones diplomáticas a consecuencia del golpe militar que auspició el arribo de Francisco Franco en 1939.

Lázaro Cárdenas concedió asilo a unos 40 mil refugiados españoles y con ello la vinculación sentimental que perdura. El presidente Manuel Ávila Camacho operó para que España ingresara a la Organización de las Naciones Unidas.

Adolfo Ruiz Cortines votó a favor de que España estuviese representada en la ONU. López Mateos reiteró que México no tenía relaciones con el gobierno de Franco por resultar de la imposición de los nazis y los fascistas italianos. 

Gustavo Díaz Ordaz expuso que si bien las relaciones diplomáticas estaban suspendidas, “las relaciones existían en lo amistoso, lo cultural y mercantil”.

Con Luis Echeverría se avivó el conflicto con el régimen moribundo de Franco; el gobierno mexicano solicitó en el Consejo de Seguridad de la ONU, en 1974, que España fuera suspendida; el “delirante estilo personal de gobernar” de Echeverría obligó a cancelar vuelos a Madrid y retiraron permisos de la aerolínea Iberia.

En 1977 se restablecieron las relaciones diplomáticas con España, José López Portillo, nieto de español, acudió a Caparroso, tierra de sus ancestros. El rey Juan Carlos I y la reina Sofía visitaron México en 1978, un reencuentro imborrable. 

Ernesto Zedillo era presidente y en 1997, en Zacatecas, se realizó el Primer Congreso Internacional de la Lengua Española. 

El rey Juan Carlos I regresó a México como rey de España en 2002, inauguró el Centro Cultural de España, testimonió la creación de la cátedra José Gaos en la UNAM, era presidente Vicente Fox, hijo de madre española. Enrique Peña Nieto señaló: “España es nuestro segundo socio comercial más importante en la UE, y el primer país inversionista con más de 45 mil millones de dólares”, y celebró la inversión de Santander, BBVA, Telefónica, Iberdrola, OHL, Gas Natural, SEAT e Inditex, entre otras. Y ahí precisamente el motivo adicional de la molestia del presidente López Obrador (por cierto, nieto de español), por lo que asegura que esas empresas vinieron a explotar sin controles sus beneficios y ganancias. Afortunadamente, los pueblos español y mexicano nunca se han divorciado.

Temas: