Epidemias, planes sanitarios y vacilaciones presidenciales (siglo XX)
A la memoria de las víctimas de la mal llamada gripe española y de las que ha dejado covid19 durante 20202021. Resulta inevitable hacer paralelismos entre los pavorosos efectos que la epidemia por covid19 ha dejado en México un siglo ...
A la memoria de las víctimas de la mal
llamada gripe española y de las que ha
dejado covid-19 durante 2020-2021.
Resulta inevitable hacer paralelismos entre los pavorosos efectos que la epidemia por covid-19 ha dejado en México un siglo después.
La gripe española fue devastadora en México. Según el historiador Felipe Ávila, esa epidemia causó más defunciones que diez años de revolución armada (19017-1917).
El plan sanitario del gobierno de Venustiano Carranza fue confiado al Departamento de Salubridad Pública, creado a partir de la Constitución de 1917, en el que, dada la inspiración federalista, las principales medidas sanitarias correspondían a los gobiernos estatales y municipales. Aunque la federación se concentró en coordinar la estrategia, los operadores y ejecutores de esas primeras políticas públicas eran responsabilidad de las autoridades locales. Ahora, en 2020-2021, se ha impuesto el centralismo.
Había un código sanitario vigente desde la época porfiriana en el que se establecía el protocolo contra los brotes epidémicos y las medidas a tomar: el aislamiento social, la cuarentena, la desinfección y la clausura temporal de todos los espacios públicos, así como el lavado de manos de manera frecuente y su desinfección con creolina, entre otras. Como ahora, sólo que los productos y las sustancias desinfectantes han variado.
Algo que no ha cambiado es el mal ejemplo de las más altas autoridades públicas que, también hoy, hicieron caso omiso de algunas medidas sanitarias: “Eran obligatorias, sin embargo, hubo muchas críticas en los periódicos de la época porque decían que muchas no eran llevadas a la práctica por las autoridades” (La Jornada, Ángel Vargas, 18 julio 2020).
Aunque el maniqueísmo posrevolucionario borró todo lo conveniente que hizo el porfiriato, en los avatares de su ocaso en 1907, México se adhirió a la Convención Sanitaria de Dresde y aceptó el compromiso de apoyar a la Oficina Internacional de Higiene Pública, con sede en París, antecedente de la OMS. Aunque los acuerdos panamericanos iniciales comenzaron en 1910, la higiene social como asignatura y los “higienistas latinoamericanos” tuvieron encuentros y convenciones periódicas.
Ahora sabemos que la primera pandemia del siglo pasado, mal llamada gripe española, fue bautizada como “muerte púrpura” por la prensa mexicana de 1918 porque los enfermos sangraban por la nariz o al escupir.
La prensa de 1918 fue muy crítica con el gobierno mexicano, pues aunque el gobierno de Venustiano Carranza no tenía recursos presupuestales —tras haber superado una década de guerrillas (la Revolución)—, la prensa libre cuestionó la lentitud de reacción del gobierno para hacer frente a la situación de la epidemia, así como su ineficacia en el aseo de calles, el cierre de escuelas y la vigilancia sanitaria.
El diario El Nacional criticó que no era posible saber las cifras de enfermos y difuntos. Conocida tendencia de los gobiernos a controlar información que pueda “causar alarma social” o hasta pánico generalizado.
Ante el silencio del gobierno sobre cifras reales, los periodistas acudieron a los encargados de los cementerios para conocer el número y la causa de los decesos, librando dificultades, como los medios independientes de ahora, en informaron sobre el número de muertos y enfermos por hospitales y demarcaciones (fuente: El Nacional, 22 de octubre de 1918).
Carranza no supo, no pudo o no quiso resolver con transparencia la crisis sanitaria de su tiempo. Ojalá ahora esa asignatura pendiente se pueda, sepan y quieran corregir. Existen muchísimas herramientas para hacerlo, pero acaso las vacilaciones del poder presidencial parezcan idénticas.
