¿El Metro, reflejo de suerte o infortunio presidencial?

A propósito de la crisis del servicio del tren –preponderantemente subterráneo– de la Ciudad de México, resulta pertinente darle contexto histórico al significado político del Metro desde su creación, o como un galardón o un motivo de cuestionamiento a la ...

A propósito de la crisis del servicio del tren –preponderantemente subterráneo– de la Ciudad de México, resulta pertinente darle contexto histórico al significado político del Metro desde su creación, o como un galardón o un motivo de cuestionamiento a la figura y al legado presidencial correspondiente.

Precisamente, hace no mucho, la jefa de Gobierno ordenó retirar la placa metálica que para recordar la inauguración del Sistema de Transporte Colectivo Metro en 1966, llevaba el nombre del presidente Gustavo Díaz Ordaz; aquello como una suerte de “liberación” reivindicadora por el nombre del mandatario al que se le atribuye la responsabilidad política de la masacre de octubre de 1968. El Metro es la fuente de contacto más grande con la población metropolitana y lo fue de largo, nicho de protección social por el subsidio al costo de la transportación y, por desgracia, hasta hace muy poco, refugio de los peatones y de los usuarios para escapar de la delincuencia cotidiana de las calles de la megaurbe. La crisis de seguridad que aqueja al Metro para los millones de usuarios cautivos por necesidad, dadas las recientes y constantes fallas e incidentes de operación y lamentables accidentes, se ha disparado desde la polémica construcción de la línea 12 y, más aún, tras el colapso de dicha estructura volada, que al caer causó la muerte a decenas de personas.

Mientras fue del Distrito Federal y hasta la conversión en una entidad federada conforme a la Constitución, las administraciones de los presidentes dejaron su huella en la progresiva expansión del medio masivo de transporte más grande de la zona metropolitana. Luis Echeverría en 1972 construyó el tramo de Tacubaya-Observatorio; José López Portillo ordenó la ampliación con nueve tramos (de Tlatelolco a Indios Verdes, Hospital General a Universidad, Pantitlán a Consulado y Candelaria a Santa Anita).

Miguel de la Madrid amplió las líneas del Rosario a Instituto del Petróleo, Zaragoza a Pantitlán, Tacuba a Cuatro Caminos y Auditorio, de Auditorio a Tacubaya y de Tacubaya a Barranca del Muerto.

Carlos Salinas de Gortari dejó terminados los tramos de Pantitlán a la Paz y de Garibaldi a Constitución de 1917.

Al abandonarse el esquema de la Regencia de la capital por la Jefatura de Gobierno, la responsabilidad del Metro corre por la cuenta del gobernante local. Así ha sido desde entonces, los problemas del Metro son del jefe o la jefa de Gobierno.

Ernesto Zedillo, de Buena Vista a Villa de Aragón y de Villa de Aragón a Ciudad Azteca, con Rosario Robles como jefa de Gobierno de la Ciudad de México.

Felipe Calderón, con Marcelo Ebrard como jefe de Gobierno de la ciudad, de Mixcoac a Tláhuac, la polémica y trágica Línea 12.

Cabe hacernos la pregunta, así las cosas: ¿Y, si la administración de este importante sistema de transporte regresara a manos federales?

  • En el momento en el que miles de integrantes de la Guardia Nacional ocuparon las instalaciones para vigilar y defender la integridad del tren, de las vías y de los usuarios, por el supuesto sabotaje; ese día, la autoridad capitalina reconoció la incapacidad de mantener bajo control el funcionamiento seguro que durante décadas tuvo. ¿Podría haber una reconducción para regresar el Metro a la federación? No faltaría quienes lo quieran y lo intentarían conseguir.

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