El informe presidencial, ¿un ejercicio de rendición de cuentas?
La nueva realidad parlamentaria federal y la local exigirán que regresen los informes del Presidente de la República y de los gobernadores en modalidad presencial y en sede legislativa. Sin con ello “romper” el modelo presidencial, sería conveniente que responda a cada uno de los exponentes de los grupos parlamentarios algo breve
Ésa sería una de las aportaciones de la nueva composición del Congreso de la Unión, y con ello, el fin de la etapa larga de “gobiernos divididos”: en que ningún partido, ni el que había llevado al titular del poder ejecutivo al poder,+ tenía mayoría. Así las cosas, por consecuencia, se precisaba de las habilidades de los negociadores parlamentarios que siempre se sacan de la manga aritméticas parlamentarias para conseguir los equilibrios que aseguren aprobación de las decisiones más importantes del Presidente y/o del gobernador. O, al menos, para librar votaciones completamente adversas al ejecutivo.
Los ejecutivos dejaron de ir a la sede parlamentaria para evitar confrontaciones con legisladores —fuera de cualquier contexto de respeto— escenarios enardecidos en los que líderes de la oposición y grupos de apoyo que, en tono beligerante, increpaban al titular del Ejecutivo y a sus más cercanos colaboradores que lo acompañaban a cumplir con ese deber. En su lugar, enviaban al secretario de Gobernación y en el plano local al secretario general de gobierno con la versión impresa del informe, que era recibido en una fugaz ceremonia de cortesía.
La “solución” fue lamentable, evitar el ejercicio de una razonable y siempre indispensable conversación pública entre el Presidente o gobernador y los legisladores. Repito, no la “glosa del informe”, sino simples, pero inevitables reclamos a decisiones acaecidas en el mandato del que rinde el informe y advertencias sobre lo que no se ha logrado o no se ha resuelto, etcétera.
También debemos recordar que el origen que vino a desvirtuar la ceremonia solemne del informe presidencial era aquel formato que lo convertía en una fiesta de aclamación ciudadana al Presidente, al grado tal que se le llegó a nombrar “El Día del Presidente”, los noticieros daban cuenta en transmisión desde Los Pinos de cada detalle del atuendo del Presidente y de su esposa e hijos, se referían a lo que había desayunado, y en vehículo descapotable desde un punto relativamente cercano al recinto legislativo, el mandatario era poco menos que alabado a su paso por las calles.
Después del informe había una larga sesión de salutación. El Presidente o el gobernador saludaban de mano a una enorme comitiva de invitados al informe y a gente representativa de la sociedad para luego ir a comer con los miembros de su gabinete, líderes de su partido político, de las centrales obreras y patronales.
Ambos esquemas, eran todo menos un ejercicio de rendición de cuentas. Qué bueno que eso tendrá que dejar de ocurrir.
Con un Legislativo en cuyo movimiento o partido político (o la coalición parlamentaria vigente) tienen amplia y sobrada mayoría, ya no habrá pretexto para que sea en el plano federal o local, respectivamente, el titular del poder Ejecutivo comparezca a la sede parlamentaria, escuche con atención los posicionamientos de cada grupo parlamentario y luego proceda a leer su mensaje político, a responder simbólicamente a cada vocero de los partidos políticos que hubieran hablado y así poder entregar el amplio documento que contiene la memoria detallada de su informe.
Y la glosa también tendrá que dejar de ser un intercambio selectivo de legisladores relativamente conocedores de cada materia y el titular del ramo en sesión de comisiones. Algunas comparecencias por su trascendencia deberían ser en sesión plenaria y tan extensas como el tema y el interés público lo demanden.
Entonces podremos decir que, el informe presidencial o del gobernador es un auténtico ejercicio de rendición de cuentas. Nada más, pero nada menos, y, eso es bastante.
Comisionado presidente del Inai
Twitter: @f_javier_acuna
