Mariclaire Acosta, nueva presidenta del Sistema Nacional Anticorrupción
Corría el año de 1997, la victoria electoral de Cuauhtémoc Cárdenas, postulado por un partido distinto al que hacía gobierno a nivel federal (preludio de la alternancia del 2000); llegaba a la CNDH como presidenta Mireille Roccatti, a un año de los tormentosos Acuerdos de San Andrés Larráinzar, y, en diciembre la matanza de Acteal. La efervescencia por la reivindicación de los Derechos Humanos y su defensa desde las universidades públicas y privadas vinculó a las organizaciones de la sociedad civil y académicos. En aquel contexto conocí a Mariclaire Acosta
Entonces, la maestra Mariclaire Acosta Urquidi era la presidenta de la Comisión Mexicana para la Defensa y Protección de los Derechos Humanos; Édgar Cortés laboraba en el Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro, que dirigía David Fernández con Digna Ochoa y Pilar Noriega; Rocío Culebro era secretaria técnica de la Red Nacional de Organismos Civiles de Derechos Humanos (Todos los derechos para todas y todos); Miguel Concha Malo estaba al frente del Centro Fray Francisco de Vitoria; Gloria Ramírez era titular de la cátedra de Derechos Humanos de la Unesco en la UNAM; Miguel Sarre llevaba el programa de Derechos Humanos del ITAM, Santiago Corcuera Cabezut encabezaba el prestigiado Programa de Derechos Humanos de la Universidad Iberoamericana y, un servidor, el programa similar en la Universidad Anáhuac México Sur.
Entre 1997 y el 2000, la agitación política propia del ocaso finisecular y de los estertores del régimen de partido hegemónico me permitieron formar parte de ese grupo de reconocidos activistas en derechos humanos. Yo regresaba justo de concluir mi doctorado en la Universidad Complutense de Madrid, a finales de 1996, y como me lo dijo Don Álvaro Gil Robles y Gil Delgado, el exombudsman de España y mi director de tesis, ante la duda de quedarme un año más con una beca de una fundación europea. Fue enfático: “…Regrese a México, en cuya tierna democracia casi todo está por hacerse. Acá —en alusión a España— casi todo se ha hecho… ”
1997 fue un año intenso y aleccionador. La naturaleza de los problemas que asfixiaban los derechos humanos nos daba la voz para opinar y para reclamar soluciones, jurídicamente, aceptables. Nos reuníamos para objetivos comunes y concretos con Mariclaire y los demás —que arriba mencioné— hacíamos sinergia para incidir en favor de la defensa de los Derechos Humanos, particularmente, frente al gobierno y frente a la Comisión Nacional de los Derechos Humanos. Incidimos y coincidimos frente a tantas situaciones que resulta imposible referir ahora en las apretadas líneas de este espacio, que desde luego ,agradezco a Excélsior.
Con la alternancia
En el año 2000, el presidente Vicente Fox invitó a Mariclaire Acosta a fungir como embajadora de los Derechos Humanos, una posición creada para ella dentro de la Cancillería.
En 2017, Mariclaire fue seleccionada por el grupo de notables a quien encargó el Senado de la República elegir a los integrantes del Consejo de Participación Ciudadana (CPC) del Sistema Nacional Anticorrupción, escogió a Mariclaire Acosta, junto con Jacqueline Peschard, José Octavio López Presa, Luis Manuel Pérez de Hacha y Alfonso Hernández.
El Inai ocupa una de las siete sillas del SNA. La Secretaría de la Función Pública, la Auditoría Superior de la Federación, el Consejo de la Judicatura Federal, el Tribunal Federal de Justicia Administrativa, la Fiscalía Anticorrupción y quien presida el CPC y el SNA.
El pasado jueves 8 de febrero, Mariclaire Acosta rindió protesta para ejercer durante un año —febrero de 2018 a febrero de 2019—la presidencia del SNA, luego de la gestión fundacional de Jacqueline Peschard.
Seguramente, mi reencuentro con Mariclaire será provechoso. Ella es amable, pero contundente; franca, pero conciliadora; directa, pero humilde ante la necesidad de rectificar si hubiera problemas por errores.
El 2018 será un acicate y otra gran oportunidad de incidir, para coincidir.
