El Inai, centinela del derecho a la privacidad (a propósito del Día Internacional de la Protección de Datos Personales)

La globalización puso la vida de todos en frecuencia digital. La globalización es el vértigo de la transmisión simultánea entre cada punto del orbe y en esa trama intermitente circulan fragmentos de la vida de todos y de cada uno (nuestros datos personales), incesante transferencia que forma la memoria digitalizada dispersa por la internet

Por el asedio creciente de las Tecnologías de la Información, tan fascinantes como intrusivas, la esfera privada se ha encogido, pero persiste. La “vida privada”, ese campo de libertad cada vez más pequeño, es un reducto sagrado y debiera ser inviolable. Solamente el consentimiento expreso de los titulares de esa privacidad compartida permite brindar cachos ese acervo a la publicidad.

El individuo comparte voluntariamente aspectos de su vida personal con su familia, su pareja o consorte y amistades, esa esfera es un círculo cerrado en el que se desarrollan convivencias de diverso nivel y duración. Un intercambio permanente de contactos personales y de información privada que sólo debiera concernir a los que une entre sí. En paralelo, la esfera íntima es lo más profundo de cada persona, en esa dimensión espiritual y sensitiva se puede estar por completo a solas con los pensamientos, recuerdos y actuaciones secretas. Lo íntimo puede ser compartido con otros y se vuelve privado.

Sin embargo, con frecuencia, por cualquier motivo, se traiciona la esencia de la vida privada común y se rasga esa atmósfera confidencial; se filtran retazos de lo vivido o por algún artilugio externo que interviene y retiene imágenes y sonidos se hace público lo privado y ello tiene consecuencias legales que deben hacerse valer.

Tanto el derecho a la intimidad como el derecho a la privacidad son inescrutables por cualquiera no autorizado, incluidos el Estado (sus autoridades) y el mercado.

Hace un año, inició la vigencia de la ansiada Ley General de Protección de Datos Personales, fruto del esfuerzo parlamentario que en el Senado (cámara de origen) para concebir un lienzo normativo de esa categoría. Iniciativa nutrida del abrevadero del más amplio consenso, texto que pasó a la Cámara de Diputados para ser aprobadaopor unánime entusiasmo; el Presidente de la República la promulgaba con atingencia mientras celebrábamos el día internacional de la protección de datos personales.

Pero la efeméride se remonta al 26 de abril de 2006, cuando el Comité de Ministros del Consejo de Europa determinó que cada 28 de enero como el Día Internacional de la Protección de Datos Personales, en esa misma fecha, pero de 1981, se firmó el Convenio Número 108 del Consejo de Europa para la Protección de las Personas con respecto al Tratamiento Automatizado de Datos de Carácter Personal, mejor conocido como “Convenio 108”.

Cada aniversario se celebran en todo el mundo diversos eventos en torno a este convenio, siendo el principal objetivo de esta conmemoración difundir los derechos que tiene toda persona con respecto al uso que se da a sus datos personales y las responsabilidades que implica un manejo adecuado de éstos.

Como ha sido la tradición de una década, este año el evento que organizó el Inai y el órgano garante de la Ciudad de México (Infodf),se desarrolló el pasado 24 de enero y tuvo como objetivo principal reflexionar sobre el concepto, alcance y elementos fundamentales de los “datos personales sensibles”. El Inai es la máxima autoridad administrativa en materia de protección de los datos personales en México. Para combatir y, eventualmente, erradicar el tráfico de datos personales es preciso —además— que cada uno de nosotros aprendamos a cuidar nuestra privacidad.

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