Avanza protección de datos personales. Rasgo de modernidad
Un rasgo indiscutible de las democracias avanzadas radica en la certeza ciudadana del valor de su privacidad y en el celoso cuidado de sus datos personales frente al Estado como frente al mercado
El adagio libertario reza: “A mi casa puede entrar el sol, el aire y hasta la lluvia. Pero el rey no”. Es decir, el rey (metáfora del Estado y sus agentes) sólo podría entrar si contaba con la anuencia del dueño u ocupante legal de la vivienda.
Y, en contra del habitante de la casa, sólo puede ingresar el personero real cuando haya motivos legalmente válidos para que ingrese y a efectuar contados actos de molestia en la morada personal o domicilio.
Las tecnologías de la información cada día más versátiles e invasivas y esa alusión simbólica de la casa también se pueden dedicar a la persona, su dimensión física (su cuerpo), la dimensión interior, sus pensamientos o emociones, y cualquiera de sus registros o expresiones, su imagen misma por delante puede incluso ser parte de la dimensión virtual en que se agota la vida diaria.
La inseguridad pública es una amenaza eficaz del terrorismo y la delincuencia organizada de alto impacto, la inseguridad humana acontece de manera silenciosa frente al internet y el misterioso campo de la red, ambos han arrancado a la ciudadanía, aun en los entornos democráticos, importantes parcelas de privacidad.
Por citar un ejemplo de la privacidad marchita o comprimida por causas de inseguridad pública, está la colocación de cámaras de seguridad en las calles y en los exteriores de los centros de toda la actividad humana (lo mismo una escuela que un cine o una empresa u hospital vinieron a volver las calles y las plazas en espacios controlados en los que por razones de vigilancia, prevención o reacción ante delitos en flagrancia), vino a limitar la añeja esperanza de gozar la plena libertad de los espacios comunes de la convivencia organizada.
La vigilancia permanente y cruzada de los exteriores y de los interiores de los recintos públicos y privados (con funciones o servicios públicos) naturalmente vino a mermar las libertades de expresión de transeúntes, peatones o tripulantes de vehículos, la imagen del caminante o del deportista en vía pública, la del conductor, del vendedor a cielo abierto, del mendigo o de los enamorados, como la de quien en ejercicio de su libertad de expresión se manifiesta o protesta en público de modo pacífico.
Aquí tan sólo un punto de tantos que de modo incesante son motivo de reclamación de ciudadanos ante el Estado y/o ante el mercado, y en esa trama, el Inai y sus similares locales, son los órganos garantes del derecho a la protección de los datos personales.
El 27 de julio venció el plazo a los estados para armonizar la Ley General de Protección de Datos Personales en Posesión de Sujetos Obligados, las entidades federativas establecieron en sus respectivas leyes locales, las bases, principios y procedimientos para garantizar el ejercicio de este derecho y en suma así a todos los habitantes del país.
Los estados que aprobaron leyes locales en la materia fueron: Durango, Estado de México, Quintana Roo, Zacatecas, Aguascalientes, Guanajuato, Baja California Sur, Sonora, Tamaulipas, San Luis Potosí, Yucatán, Guerrero, Tlaxcala, Coahuila, Morelos, Hidalgo, Sinaloa, Campeche, Colima, Puebla, Baja California, Jalisco, Veracruz y Querétaro.
Las ocho entidades federativas que aún no cuentan con un marco normativo deberán aplicar de manera directa las disposiciones de la Ley General.
Con la aprobación de las legislaciones locales, los estados afirman su compromiso y su deber para garantizar que el tratamiento de datos personales esté justificado por finalidades concretas, lícitas, explícitas y legítimas, relacionadas con las atribuciones de la normatividad aplicable.
